
D. Ramón, qué penita pasó.
Desde que murió su querida esposa, Doña Fita, su vida se nubló por la tristeza inmensa que le produjo su perdida. Sin hijos, la soledad que sintió fue grande como testimoniaron algunas personas testigos de ella. Un documento significativo al respecto y que hoy guardan en la Fundación, eso espero, es la carta que les muestro a continuación dirigida por Otero a su amigo el Dr. Conde Corbal, mes y medio antes de morir el








