UN MALETÍN. Y UN JAMÓN
Tengo un alma plebeya y ramplona de la que me es imposible desprenderme así me disfrace de conde zamorano, de barón rampante alemán o de presidente de la II República con chistera y botines anticaca. Se me van los ojos al tocino con hebras y me gustan las mujeres un tanto pasadas de kilos y de capilaridades recónditas. Y este alma procaz y chabacana me lleva a cometer las indecisiones más indecorosas, me impide