¡OH LA LA, LA ONÚ!
La ONU, Organización de Nulidades Orgiásticas, es un ente que se parece a un termitero febril de vagos y maleantes ciegos. Un pudridero de políticos mohosos a los que hay que premiar con un chollo que mantenga viva su inanidad. Jamás ha servido para nada más que para que en el edificio de la sede se rueden unas películas de variable calidad cinematográfica en las que Cary Grant parecía Bruto acuchillando a Cesar o