Indudablemente (adverbio) la Prioridad de algunos es llevarse los dineros de todos a la cuenta corriente propia (sustantivo o adjetivo). Nacional. La prioridad es irse en cómodo avión a China (nombre propio) mientras se critica prioritariamente que por ahí adelante haya regímenes que pisotean los derechos humanos (adjetivo o sustantivo, depende), sobre todo el derecho a la vida y a la libertad de conciencia. Nacional. La prioridad es convertir a los jueces en enemigos del Pueblo (esto es un sustantivo genérico, abstracto y sin identificar, al que no le suelen colocar el adjetivo “español”, y que se utiliza muy a menudo por parte de los seguidores de Manolo Escobar, genio). Nacional. La Prioridad es vivir a cuerpo de rey en un Palacio, sin legitimidad para ello, mientras la gente (otro sustantivo abstruso) no tiene un lugar decente y barato en donde vivir (un verbo, por fin). Nacional. La prioridad es pasarse la Constitución por el forro (sustantivo que hace referencia al envoltorio de los testículos) no presentando Presupuestos Generales del Estado durante tres años consecutivos mientras se echan las manos a la cabeza (nombre que hace referencia a la parte superior del cuerpo humano, quizá) por algo que aun no ha constituido ninguna vulneración de la ley. Nacional. Prioridad es amnistiar a los que roban, provocan golpes de estado (sustantivo que no se refiere a la situación matrimonial) y están dispuestos a volver a hacerlo. Nacional. Prioridad es pactar las medidas del Consejo de ministros con un delincuente, en el extranjero, enviando de interlocutor a la entrevista que afecta a todos (excesivo adverbio de cantidad) los españoles (sustantivo que no se sabe ya qué significa), a un ladrón. Nacional. Prioridad es pactar el gobierno de una autonomía con unos asesinos. Nacional. Prioridad es entregar el gobierno de una ciudad a los gánsteres. Nacional. Prioridad es dejar que los asesinos que, hasta hace poco tiempo tenían secuestrada la paz social (este sustantivo parece excesivo) asesinando con tiros en la nuca, con coches bomba y otras malas artes, salgan de la cárcel subvencionados, vitoreados por los hideputas (contracción semántica anacrónica) y tan tranquilos. Nacional. Prioridad es que no se puede discriminar por razón de raza, sexo, nacionalidad o partida de nacimiento pero que los que no sepan gallego, éuscaro o catalán sean menos aptos para ser médicos, funcionarios, notarios o vigilantes nocturnos, pero no para ser peones de obra pico y pala o cuidadores de viejas glorias (adjetivo cuando se refiere a la gloria nacional y sustantivo cuando se refiere a la Unidad de Destino en lo Propio, con palacete decomisado a los españoles en Paris o con palacio en Waterloo) a las que hay que limpiarles el culo. Nacional. Prioridad es quitarle la última de las letras al nombre del Partido que parece que está gobernando España y que va inmediatamente después de la sigla que dice, literalmente, “Obrero” (sustantivo que significa, en el caso de su Prioridad: “aquel individuo que se gana el sustento con el sudor de la frente ajena”). Nacional.
FÁBULA POLÍTICAMENTE CORRECTA 6
Como todos los emperadores de fábula que se precien, este Emperador está muy sólo, no confía en nadie, se oculta en las profundas estancias de Palacio. El emperador Kan I el Desalmado tiene miedo de que lo envenenen sus propios súbditos. Se han empezado a oír extraños rumores que, dicen, proceden de sus propios ministros, sobre una necesidad de derrocamiento inmediato para evitar la bancarrota del Imperio. Su Majestad imperial ha estado soñando extraños presagios y en una galleta china de la suerte le han dicho que se cuide de las caléndulas y otras plantas medicinales. Ya no toma manzanilla y ha contratado un ejército de catadores a cuenta del Presupuesto para Gastos Ordinarios de Palacio, con lo que ha tenido que disminuir la cantidad de zafiros que coloca en sus monóculos. El gran visir Botones Sacarino es el encargado de probar las setas guisadas con cebolla y unos tacos de jamón para la merienda del domingo, cuando libran los demás catadores. “¿Qué te parece?”, “boletus edulis”, “eso no existe, lo que a mí no me suena es que no existe, llama inmediatamente al Asesor de hongos y otras experiencias uranianas”, pero no puede llamar a nadie, el Botones Sacarino se retuerce de dolor y tiene ganas de vomitar, “es el asco que me da la cebolla”, el Emperador se abstiene, se niega a seguir con la cena y llama a su cocinero, “¿qué le has puesto a las setas?, “le he puesto un enano”, ha dicho el “magister fogonarum” de palacio, sacándose el alto gorro que está a punto de arder en las lámparas de todo a cien que se ha traído la Emperatriz de las Uñas largas desde el lejano Orientelejano, supermercado al que hay que ir en avión, “¿hay algún antídoto para esto?”, “que beba mucho vino con gaseosa la revoltosa y se lave la boca con vinagre, que el ácido en el estómago hay que echarlo fuera, porque un enano dentro puede producir escozor, que escuche la encíclica Rerum Novarum en podcast y que le hagan la primera comunión”, “pero es agnóstico progresista”, “no importa, el vino que tiene Asunción no es blanco ni es tinto ni tiene color”, “ahora mismo se va a comer usted las setas que me ha preparado para cenar, a ver si tiene lo que hay que tener”, “sin problema” dice el cocinero número 100, “yo soy el cocinero numero zien, valiente como Daviz Muñoz y también estoy tatuado hasta la rabadilla, no le tengo miedo al qué dirán ni a las encuestas de las Tazas con asa, grabe su excelencia el vídeo para Tiquitoc”, “mande venir a sus ayudantes que quiero corroborar su opinión”, “los otros cocineros están de baja o haciendo macramé en un cursillo de la Emperatriz consorte, una cátedra de macramé, de tucramé, y de sucramé, que le ha sacado a la universidad de Toulouse, influencia del rector de Bildu que a duras penas chapurreaba el francés pero tenía una verdadera pericia en el griego profundo, es decir, en el griego anterior a los Coroneles, cuando el cocinero número 69 vuelva le diré que prepare una tortillina con cuscús que es muy digestiva y su majestad va a dormir como un niño, que buena falta le hace ya, con tantas preocupaciones para gobernar este extenso imperio que se extiende desde las altas montañas de la M30 hasta las amplias llanuras de la huerta de mi abuelo”. Se zampó las setas tan tranquilo. Por la escalinata de palacio parecía oírse el murmullo de la multitud que quería comer y tener donde guarecerse esa noche perpetua. Con un megáfono robado a un sindicalista honrado, Tigelino arengaba a las masas.