Como los extremos se tocan, pudiera ser que la física cuántica y la estupidez estuvieran a punto de conectarse en el Más Acá. La estupidez nacionalista racista y antiespañola no tiene límites, así que, si en la Nasa quieren viajar al futuro de las estrellas (futuro que, dada su distancia de la Tierra, es más pasado que otra cosa), deberían utilizar el acelerador de partículas para destilarla y mandar a los espacios siderales a los astronautas, no hay mejor combustible, porque la idiotez es incombustible, no se agota nunca. El problema que por el momento sería irresoluble es que con la estupidez puede alejarse uno mucho de la realidad pero no se puede volver de Marte. El escritor Eduardo Mendoza ha dicho en la presentación de su nueva novela, entre otras cosas más o menos graciosas, que san Jorge era un maltratador de animales, algo con lo que yo estoy de acuerdo, ya que la leyenda no dice que el santo, después de cargarse al bicho, se hubiese comido a la víctima, pues parece que despedía un olor nada promisorio y la dejaron pudrirse a la entrada de la cueva en la que fue sacrificada, y aquella pestilencia no se disipó hasta que tanto sopló y sopló la tramontana que hasta derribó la casa de paja del Primer Cerdito. Como lo de ponerle en broma mala fama a san Jorge no les ha sentado bien a algunos sutiles nacionalistas catalanes estos han promovido el boicot al escritor y algunos quieren un aquelarre para quemar sus libros indeseables. Si se enteran en Inglaterra de que menospreciamos a su santo patrón a lo mejor nos devuelven Gibraltar, dios no lo quiera. Esperemos que la cosa se quede aquí y que los exaltados no le quemen al escritor Mendoza la caseta del Día del Libro y la Rosa Funeral, con él dentro. Los libros más peligrosos son aquellos que no se leen, los estúpidos suelen temer a esos paralelepípedos que parecen estar replegados sobre sí mismos pero que cuando abren la boca es como si quisieran morderte un dedo, de ahí los marcapáginas que suelen acabar como roídos tras largas esperas en los anaqueles. Un buen libro siempre saca la lengua. Para los estúpidos, un libro es un enigma indescifrable, lo mismo que el sentido de humor o el aguacate. “No entiendo” se dicen unos a otros (los que sepan hablar) rascando la cabeza, para inmediatamente después soltar una patada a seguir como en el rugby y creer que ese libro es una gallina que se aspavienta por un susto. Recuerdo que el detective de Vázquez Montalbán, -otro comunista catalán que escribía en castellano-, llamado Pepe Carvalho (con un nombre charnego y una biografía dudosa), arrojaba a la chimenea algunos libros en un auto de fe discriminatorio, la mayoría de las veces justo. Los libros arden mal pero si estos memos quieren buen combustible legible yo les podría regalar tres o cuatro insufribles novelas que tengo por ahí cogiendo polvo, con perdón, pero si de verdad quieren hacer una fogata digna del Dragón de san Jorge (cuentan que le salía fuego, además de por la boca, también por el culo) lo mejor que pueden hacer es convertir los discursos digitales (escritos sabe Dios con qué dedo) de “Puigdemont y otras chicas del Montón” en folios mecanografiados, y plantarle lumbre delante del palacio de la Generalitat, lo mismo que hicieron aquellos otros hombres ilustres cuando encendieron la famosa fogata en la Plaza de la Ópera de Berlín en el año 1933. Qué gran espectáculo ver elevarse las pavesas envueltas en un color sospechosamente azul como el que producen los muertos del cementerio con los fuegos fatuos. Después, como colofón macabro pero festivo a este primer acto cívico ardiente, puede solicitarse, en los bajos administrativos del Palacio de la Generalitat General Store (sección “postulaciones populares con octavilla”), la construcción de unos hornos crematorios para liquidar a los ateos que leen o escriben en castellano.
FÁBULA POLÍTICAMENTE CORRECTA 5
Después de haber estudiado a fondo una y mil veces, en el penúltimo comité federal y en el último congreso refundacional, “Rebelión en la granja”, “Rebelión en la granja 2” y “Rebelión en la granja, la precuela”, los animales de la Granja decidieron reunirse en asamblea para evaluar la situación y, en palabras de Cerdo Napoleón Octavio, “intentar reconducir la situación de absoluto desarraigo fascista por parte de los recogedores de leche, de los recogedores de huevos, de los recogedores de corderitos lechales, de los fabricantes de paté…”, que se habían decantado por nuevos proveedores ante los problemas que la situación de la Granja había acarreado en los mercados, distorsionando los precios y vaciando muchas estanterías de las tiendas de comestibles y bebestibles. De hecho, desde que los cerdos se hicieron cargo de la dirección del gobierno de la Granja, escaseó el jamón York, el serrano, los yogures, el queso, los huevos y las lombrices para la pesca, ya que la campaña promovida institucionalmente desde el Ministerio de las Gallinas Cluecas, para convertir a los consumidores exteriores en vegetarianos absolutos, no había tenido demasiado éxito: una viejecita que vivía a unos dos kilómetros colina arriba y a la que le faltaban los dientes y la cordura, se había lanzado sobre las berzas puestas a hervir, suicidio involuntario por quemaduras, producido, según dijo el forense, por una desnutrición severa que le había producido alucinación olfativa. Creyó que en la cacerola se doraba un buen trozo de ternera. Descanse en paz. Los ingresos monetarios, después de estas deserciones comerciales, debidas en gran parte a la disminución de la calidad democrática de las instituciones granjillas, hizo temer un mal año electoral a los directivos animales de la Granja que constituían el Comité central del PAYOG, (Partido de los animales de la Granja y otras garrapatas) que gobernaba desde hacía una década, después de sustituir al Partido de los Burros y otras sanguijuelas, PARBUSO, que había estado gobernando décadas atrás, en una alternancia decimonónica sistemática lograda tras el asesinato y posterior ingestión colectiva del Granjero Marinero y toda su familia natural y política (incluso se comieron a la suegra). Después de todas las ponencias y contraponencias, para clausurar el Congreso, tomó la palabra el Conejo Soltero, con un discurso más bien complaciente, sin intención de poner algo de cordura a las decisiones que se estaban tomando y, por supuesto, sin intención de enderezar el rumbo del Partido que pudiese evitar el descalabro electoral que se intuía por las encuestas. “Estimado Napoleón Augusto Octavio, querido presidente…”, dijo el Conejo Soltero dirigiéndose al Presidente del Comité y secretario general del Partido, con un gesto de blanda adulación peluche, “cada día tiene usted los andares más cadenciosos, diríase que todo en usted es bello, sabroso y caníbal”. La contestación del presidente fue más bien difusa y poco realista, con un carácter poético que para nada ayudaría a tomar las medidas apropiadas dirigidas a desviar la mala situación: “Usted me abruma, querido Conejo, su amor a nuestro Partido multisecular le ciega la razón, pero he de decirle que últimamente he adelgazado lo suficiente como para saber que un poco de “savoir faire” es tan importante como un buen balde de mondas de patata hervidas. Le agradezco mucho el cumplido pero los años me pesan, el trabajo acucia y hay días en que quisiera haberme retirado acompañado de mi amada esposa, la de los ahorros mutuos, a un lugar paradisíaco en unas islas afortunadas precisamente por ello. Pero el deber me llama: es necesario impedir que nuestros enemigos interiores, los Burros, y los exteriores, los animales salvajes que viven tras las fronteras, se apoderen de nuestro recursos y violen a nuestras hembras”. El Conejo sonrió enigmático y malicioso con sus ojillos de urraca sabihonda, él, que no tenía pareja a la vista pero ocultaba toda una familia de gazapos en los subterráneos de la Granja, con la connivencia secreta de los topos del Ministerio del Interior de la Cuadra: con los votos de toda su prole, en unos añitos, en cuanto alcanzasen la edad de votar, acapararían la mayoría del censo electoral; y cuando todos, cerdos y burros, quisieran darse cuenta, la realidad los aplastaría sin piedad para dar paso al Nuevo Gobierno Progresista del Partido de los Conejos y otras Pulgas chuchadoras (PACOPUL).