Uno, o sea yo, tarda en darse cuenta de algunas evidencias porque con la mierda que nos cae encima todos los días, (ahora ya no son simples salpicaduras), no nos queda más que bracear, sacar la nariz a la superficie y ponerse a respirar un poco sin que haya tiempo para nada, es lo que tiene intentar sobrevivir debajo de la basura. A la mierda de los perros por la calle se une la mierda de los lenguajes y actividades políticos y el de sus señorías del Gobierno, de la Oposición y de la rondalla autonómica. La evidencia de la que yo me estaba alejando por culpa de mis problemas mayores (de aguas mayores invadiéndolo todo) es aquella que afirma que “nos quieren mucho estos pájaros aunque nosotros creamos lo contrario”; evidencia hasta cierto punto metafóricamente retorcida pero que en los principios básicos del Movimiento Nacional de la Ornitología no tiene vuelta de pluma. Tanto nos quieren que, en lugar de ocuparse de sus asuntos, se ocupan de los nuestros, (ya ves, y yo que los creía unos egoístas saqueadores todo el tiempo de vigilia y aun mientras duermen a pierna suelta, libres de pecado, de preocupaciones por el colegio de los niños y el relleno de nevera para comer mañana caliente, contradicción no tan grave, si se me permite decirlo así, que claro que se me permite, vaya estupidez). Ellos dijeron: “esto no puede seguir así, la gente se distancia cada día más de los políticos y nosotros, los políticos de carrera (de carrera, dicen, como si fuesen funcionarios a la fuga, como si tuviesen prisa y hubiese alguien de los que los miramos que corremos detrás para atraparlos, cuando lo más posible es que esa carrera se refiera a las prisas que tienen para llenarse los bolsillos, o escapar de los gorrazos de los soliviantados ciudadanos, quise decir súbditos descontrolados, por la calle de la amargura)…”somos vistos por la gente común, más como un problema que como una solución”; “tenemos que cambiar el rumbo de la percepción de la gente y, al mismo tiempo, hacer un ejercicio de autocritica” (lo dijeron así, no se me eche la culpa de mis transcripciones literales),… “y poner todos los medios a nuestro alcance (que son muchos y nos salen muy baratos, añadiría, yo) para que la gente vuelva a recuperar aquella confianza ciega en la clase política” (lo dijeron: “ciega” y “clase política” porque al parecer en España hay clase alta chosca, clase baja tuerta, clase media miope y clase política de largo alcance, no es culpa mía que lo hayan dicho sino de la realidad que se nos echa encima y, como la mierda de los perros, embadurna también otros ámbitos de la vida), …“para que aquella confianza ciega, (y yo diría que también sorda, también muda, también insensible) vuelva a aposentarse en los cálidos corazones de la gente común” (los “comunes” somos los que no somos ellos, me imagino, ellos son lo lores, los loros y las loras). Y ni cortos (o sí) ni perezosos (absolutamente) se pusieron manos a la obra: los asuntos más nimios de la Administración española (es lo que hay, no podemos negar todas las evidencias llamándole burro al caballo) fueron tomados en consideración, no por los funcionarios más cazurros, sino por las blancas manos (para hacer una muralla juntemos todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos su blancas manos, tataratá) de los ministros del Gobierno. Y así, por fin, (como consecuencia de este afán de tomar el toro por los cuernos de su abundancia) si al humilde ganadero de Alcubillón de Nava (siempre son humildes los ganaderos que tienen cuatro gallinas enjauladas, dos conejos y veintitrés vacas de leche merengada) le ponen una multa por exceso de velocidad del tractor que no ha pasado la itv, va a ser el propio Ministro del Interior el que se ocupe de su asunto rompiendo y rasgando la denuncia hecha por un guardia civil cabreado con bigote de guardia civil y horas extras de peluquero de señoras; si a Pepe Rodríguez, el de la Barba en Flor, se le ha colado una desgravación a todas luces excesiva en la Declaración de la Renta, será la Ministra de Hacienda la que, presentándose a gritos en su domicilio, le diga (chamullando una jerga técnica incomprensible para los legos y los infelices contribuyentes y que no entiende ni ella) cómo hay que hacer una declaración del IRPF sin borrones ni tachaduras con la prueba del nueve, acompañada del Fiscal General del Estado (que está mano sobre mano en su despacho mirando para el techo de escayola de la fiscalía y como se aburre se dedica a ayudar a perseguir defraudadores de Haciendasomostodos y a indicarle a la Ministra, “pos esto está bien, es de recibo, y esto está mu feo, no se puede tolerar en un país que se respete a sí mismo y a su ordenamiento jurídico; y se lo dice con una cara de pasmado un poco como si fuese imbécil aunque, a manos llenas indudablemente no lo es, porque cómo, si no, hubiese llegado a ser fiscal general o chupamedias de postín, eso a cualquiera se le puede ocurrir que es un despropósito); si una pobre mujer se ve obligada a ejercer la prostitución (porque le sale del punto medio de su bisectriz dedicarse a insuflar y extraer optimismo a desgraciados machistas, cobrando a tocateta) va a ser el Ministro de Transportes el que se ocupe de su reinserción social llevándola de aquí a allá en sus viajes para que no tenga tiempo de pensar cosas malas sobre el sexo de los otros ángeles desgraciados, es decir caídos, o como se decía antes, luciferinos; si el contagio del covid es un problema que asola la salud pública, el Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática (antes era memoria histórica como todas las memorias pero ahora ha envejecido y ya la ataca el alzheimer) se encargará de poner en el bajo de una de sus casas de pisos de vecindad un taller de costura para confeccionar al por mayor mascarillas anticontagio (su propio nombre ya lo dice, más carillas, con un diminutivo eufemístico que no logra tapar la labor de encaje del ministro que no ha querido salir en televisión a contar este gesto altruista y filantrópico porque es muy tímido, nunca dice nada, él solo a trabajar, a trabajar y a ponerle las gomas a las mascarilla para que no preñen a nadie, que él es muy cuidadoso con las relaciones venéreas, veniales y mortales de necesidad, todo lo demás se la trae floja, vaya contradicción de nuevo); y si ya, al final (por aburrimiento) la gente ha perdido la fe (se ha hecho atea política después de haberse hecho atea católica y atea madridista) y tiene, según las encuestas (“asegún las encuestas”, repite sin cesar la Ministra de Educación), la intención de votar a la madre que los parió, al sursum corda y al coño de la Bernarda, va a ser el propio Presidente del Gobierno el que enderece el rumbo mental de los descarriados impidiéndoles que vayan a votar a alguien distinto que no sea él,” ese hombre”, ese dios encarnado y azul, esa rosa y ese puño con camisa blanca de mi esperanza, guayabera arriba, chalequito de fantasía abajo. Menos mal que me he dado cuenta a tiempo de esa evidencia que estaba tan tapada por la mierda que nos ha caído encima en los últimos años (últimos, penúltimos y tatarabuelos, hace ya unos cuarenta, cómo pasa el tiempo, que de pronto son años tralará) y ahora he visto la luz al final del túnel (ese mismo túnel en el que no caben los trenes que han comprado esos políticos que quieren ser nuestros abuelitos por Navidad) y por el que paseo tántricamente, tan ricamente, con mi linterna led, sin temor a ser atropellado por el ferrobús de las siete y media, pero con una cierta prevención en mi corazón fetén, (recién salvado del error y de la ignorancia), por el olor apestoso que está entrando por la salida que se ve muy al fondo de dicho túnel (tamaña contradicción que me hace dudar de mi objetividad a la hora de analizar este asunto de la evidencia oculta a la vista del tonto que quería vivir en una democracia, o sea yo).
RECHINAR DE DIENTES
En mi camino sin retorno hacia la estupefacción total, sentado en un somnoliento sofá, veo el nuevo anuncio de Lotería Nacional para la navidad de este 2025 funfunfún. Lo voy a ver otras veces, incluso con la televisión apagada, así que tendré tiempo de repasarlo y disfrutar. La primera impresión es que, de todos los anuncios moñas de la lotería de navidad que llevamos soportando desde nuestra más tierna madurez, este es el mas almibarado, inverosímil y estúpido que recuerde y eso que la carga de sentimentalismo ñoño de los anteriores era tal que a mí se me producían una nauseas espantosas por culpa de la subida de la glucosa mala que es peor que el colesterol malo de los chicharrones. El ambiente en este anuncio actual, creado en una inteligencia artificial que aun no tiene pasado, recrea un mercadillo o rastro cutre con un tono retro sepia de serie de televisión albanesa hiperestalinista en el que una parejita (no se ve el perro castrado de rigor pero se intuye) se compra un décimo de lotería premiado enmarcado por un artístico marco con cristal; se narra además la ímproba búsqueda de las causas de este desmesurado hecho por parte de la detective protagonista, mi vecina del quinto B, que acaba, tras sus inteligentes pesquisas, por descubrir al autor de la mamarrachada: un viejo idiota que no ha cobrado un quinto premio porque aquel mismo día se le había comunicado el nacimiento de su nieto. Hay que ser soplapollas, qué tendrá que ver una cosa con la otra, ¿acaso son incompatibles?. Después el sujeto vendió el cuadrito al trapero, para sacarse unas perras, supongo. ¿Se puede ser más imbécil?. Este es el nivel sentimental e intelectual del asunto que nos quiere hacer llorar de emoción y a mí solo me hace llorar de piedad y compasión por nuestra suerte, nuestra mala suerte. Si además de no tocarme ni un puñetero reintegro, antes de ver el telediario me enchufan estos electrodos publicitarios en el cerebro, mis alaridos llegarán a los palacios del ministerio de Hacienda en donde han aceptado esta campaña publicitaria tan estúpida como sus propios responsables de elegirla (y bien pagarla). Torturadores oficiales que no tienen descanso. Empezaron con la desvergüenza de aplicar un 20% de impuesto inmediato a los premios medianos y mayores (lo que es igual que si, a la muñeca que te toca en la tómbola, el feriante le arrancase una pierna antes de entregártela), se une ahora esta campaña publicitaria hervida en una mente infantiloide prenatal. A ver si de una vez consiguen acabar con esta lacra de la lotería de navidad en la que como pájaros bobos caemos todos los años. Creo que una gente progresista antimonárquica como esta que nos desgobierna lo va a conseguir tantos años después de que Carlos III, el Borbón napolitano, la hubiese creado para solaz de doña Manolita la Lotera Soltera y de la Bruja Pico de Oro (esa que vive en la Casita de Chocolate de Hacienda y nos quiere comer asados al horno).