Borges hablaba de palabras que, aunque anden por ahí a la buena de dios, no deberían incluirse nunca en un poema a fuer de perjudicarlo para la posteridad lírica. La palabra que se le ocurrió, como ejemplo a erradicar del verso, era “estalactita”. ¿Cómo no estar de acuerdo con Borges en eso como en tantas otras cosas?. Pero con matices, eh, no todo va a ser darle la razón al vate del Aleph y otros puntos cardinales. Opino, con modestia, que, a lo mejor, con un poco de torsión poética sería posible incluir en un poema amoroso o en una crónica de última página de un periódico local, hechos por una gaiteira sin gaita o un poeta en Monterrey, alguna frase apropiada, algún verso suelto para que la pobre estalactita sea la flecha intemporal que los vientos ya no arrastran de aquí a allá (Serrat) y que se nos clava en nuestro corazón doliente, dura saeta que el Tiempo y la Soledad (sustitúyase aquí por carbonato cálcico, por si es necesario para rima consonante) ha creado, pomba de cucú-rucho. Lo mismo podíamos decir de la estalagmita, olvidada por Borges pero no por mí, que es una imagen a usar profusamente sin peligro de ripio en una antología personal de versos eróticos, sáficos o kavafísicos. Me gusta esto de enmendarle la plana a Don Jorge Luis desde mi atalaya prosaica, a salvo ya de sus ironías perversas gracias a la distancia que ha puesto la Muerte entre su sentido del humor y el mío. Tomen nota los poetas que quieran estar a la moda (a la page, se dice por ahí), y estén atentos a mis consejos prácticos. Sigo: ahora hay una palabra que, a falta de otros poetas mayores rioplatenses, es denostada por los gallináceos habitantes de culo y cucharón del Congreso de los Diputados de España y sus asesores filológicos, como quien dice la asamblea en la que se reúne lo más granado de la inteligencia y laboriosidad patria. Es que no paran. Han decidido que la palabra “cáncer” debe usarse sin matices belicistas. Supongo que eso significa que tampoco deberían usarla los líricos nacionales en sus versos subvencionados por el Instituto Cervantes (pobre escritorzuelo, este Cervantes, al que no conoce ni dios), para arrojarla a la cabeza de los juglares de la RAE, aunque, mientras se aprueba la No Ley, los poetas libres (ahora se dice poetas freelance) están autorizados para usarla en sus poemas intimistas para depositar en las braguitas de sus novias como galletas chinas de la suerte (“oh, compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta diez…”etc). El Romanticismo ha vuelto embadurnado con las sombras de Grey en lugar de los espectros que avisaron a don Juan Tenorio. Al igual que “estalactita”, va a ser muy difícil incrustar el cáncer, vocablo venablo maldito, en algún verso que no sea de tipo estructuralista realista, cubano, maoista o higienista vegano. ¿Quién en estos tiempos se atrevería a decir que puede escribir los versos más tristes esta noche, decir por ejemplo que tengo cáncer de próstata y al mismo tiempo titilan a lo lejos las estrellas del dolor? Nerudiano dolor. Solo un loco escandiaría tamaño desafuero contrario a las leyes humanas del Parlamento español y a las divinas de la Musas inspiradoras. Cáncer, palabra maldita para los Latinos del Callejón de los Gatunos de san Jerónimo, los que traducen la Biblia en verso. Si la Proposición no de ley de marras acaba su deambular, ¿qué será de los nacidos del 21 de junio al 22 de julio, adónde van a consultar su futuro, en qué sección del periódico sentirán ese soplo de esperanza que les diga que son sensibles, hogareños, protectores y leales…? Adiós Trópico de Cáncer, adiós cancerberos de las retrasmisiones deportivas. Adiós a la poesía nocturnal, adiós al marisco y a la astronomía. Adiós a la poesía desnuda, vestida de inocencia de mi horóscopo y el de mis novias a las que elijo por afinidades astrológicas. Ojalá haya pronto en nuestro Parlamento una Proposición No de Ley que proscriba definitivamente la palabra tristeza, la palabra melancolía, las palabras ramas de sauce llorón, las lluvias de noviembre, los amantes de agosto, … pronto los poetastros como yo no tendremos donde caernos muertos de amor por culpa de la belicosidad de las palabras más poéticas, jeringuilla, memorándum, póliza, implemento, tortícolis, proctólogo. ¿Qué habremos de decir cuando nos asomemos a la alba página virginal, inmaculada y pura y a la biopsia maldita?