“Siempre he intentado vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea sus muros para derrumbarla. No se trata de política, sino del estado mental de Francia. ¿Ha leído la circular de Simon que incluye una reforma de la enseñanza pública? El párrafo dedicado a las enseñanzas corporales es más largo que el relativo a la literatura francesa. ¡Pequeño y significativo síntoma!
(….)
No puedo charlar con quien quiera que sea sin encolerizarme. Todo lo que leo de contemporáneo me solivianta. ¡Qué situación! Eso no me impide estar preparando un libro en el que intentaré escupir mi bilis. Me gustaría comentarlo con usted. No me dejo abatir, como puede ver. Si no trabajara, solo me quedaría tirarme al río con una piedra al cuello. 1870 ha enloquecido o idiotizado o fanatizado a mucha gente. Estoy en esta última categoría. Esa es la verdad.” (Flaubert, carta a Turgueniev)
“La política es el arte de lo posible”. ¿Arte?, no lo creo, por lo menos en la actualidad española. Ahora parece que la política de arte tiene poco y a mí más bien me parece una actitud de gentuza dedicada a proveerse de un buen bagaje material para vivir a cuerpo de Rey (¿monarquía parlamentaria o tan solo tiranía?). Me da la impresión de que los sujetos más infames y más mediocres se han apoderado de las catapultas hacia los más altos cargos, y como lombrices de tierra se multiplican a sí mismos por partenogénesis en las covachuelas de los partidos políticos. No hay excepciones, no me preocupo de ofender a ningún justo sodomita o gomorrita. La gobernanza de los ciudadanos se la trae al pairo. Toman las decisiones, no para favorecer el buen gobierno sino para proveerse de privilegios y manduca fresca. Unos y otros, los recaderos de la riqueza y los fanáticos del oro, han tomado las riendas de aquello que usa nuestro dinero público, (¡nuestro dinero!, ¡en nuestra casa!, diría Corleone, furioso, y también decimos nosotros). Como en una farrapada de carnaval de Laza se arrojan mierda unos a otros pero todos se lo llevan crudo a sus madrigueras y termiteras. La mierda, al fin y al cabo, se limpia. Decían los Chunguitos que “el amor cuando se empaña se limpia y vuelve a brillar, ni más ni menos, ni más ni menos…”. Vienen con el cuento chino (Zapatero y los comisionistas) de la regeneración democrática y la limpieza de las instituciones y nada más llegar se ponen hasta las trancas de farlopa y bragas. Los corruptos de antes (¡no hace tanto tiempo, amigos de Bárcenas!), ahora se echan las manos a la cabeza pero no son capaces de coger el toro por los cuernos (con perdón) y, por ejemplo, limpiar sus propias instituciones, absolutamente corrompidas. Como la Diputación de Aquí , (gobernada por los Hunos), donde casi todos los que trabajan están emparentados entre ellos, con sus alcaldes y con sus concejales y van a acabar hemofílicos. “Yo te enchufo a ti y tu me enchufas a la niña, es un decir”; en la Diputación de Badajoz, (de los Vándalos), ya hay unas familias especializadas en acaparar los cargos a base de contaminar los tribunales de las oposiciones y otras formas de acceder a un chollo; en la Diputación de Barcelona (gobiernan los Alanos) la mujer de Puigdemont recibe 6.000 euros al mes por un programa de televisión (cuenta “The Objetive”). Si quisieran limpiar las instituciones de la corrupción que las pudre deberían empezar por eliminar la mitad de los chiringuitos en los que se aposentan las garrapatas del dinero público. Pero eso no va a ocurrir, no se van ni con vinagre. Los españoles vamos a seguir manteniendo una corte de paniaguados que, en su mayor parte, no han dado un palo al agua en su vida pero han tenido la suerte pecuniaria de nacer en la cochiquera adecuada. Y san Martín pasa de largo otro año más.