“¿Que harías tú en un ataque preventivo de la URSS?”, decía aquella canción de “Polanski y el ardor” en los años ochenta, que sonaba por los rincones de los pubes, amortizado el ruido por las plumas acolchadas de los patos que sosteníamos nuestras copas en arriesgada sudorosa posición vertical. “¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?”. Gracias, sobre todo, a nuestro empuje antifascista alcohólico, la URSS desapareció en sus siglas CCCP que lucían las lanzadoras de martillo (sin hoz) en las olimpiadas: en los doblepechos de aquellas camaradas proletarias cabían no solo cccp sino cccppppoooPPO, pero después del 1989 huyeron las siglas y unas banderas rojas y se quedaron los mismos dictadores imperialistas de siempre envueltos en otras banderas más kandisnskys y menos malevich. Hoy en día, a los que deambulamos sonámbulos por las calles apestosas, sucias y tristes, de estas nuestras ciudades (Madrid es una excepción cum laude, Cloaca Máxima en la que crecen la bacterias que devoran la carne del Estado) no debe preocuparnos (como no nos preocupaba entonces) lo que debemos hacer ante las ínfulas belicistas e imperialistas del camarada Putón y sus gánsteres, porque, a dios gracias, tenemos unos gobernantes que nos protegerán de nuestros enemigos: en cuanto el primer misil ruso hipersónico levante una polvareda a este lado de los Pirineos, nuestros aguerridos representantes de los intereses patrios ya habrán tomado las de Villadiego y se encontrarán lejos, en sus paraísos fiscales y venéreos, mojando sus labios y sus plumas (para escribir sus memorias con tinta genital) en los mojitos y daiquiris, con ron caribeño y caderas interraciales, dejándonos solos ante el peligro. Lo cual será el primer paso para poder defendernos. Como alma que lleva el Diablo, saldrán huyendo al estilo Canódromo de Paiporta, perros con el rabo entre las piernas pero sin rabo y aditamentos. Desde el exilio dorado generarán decretos ley para indicar por dónde tenemos que caminar y juntarnos los españoles que nos hemos quedado aquí, para que los bombardeos putinos no fallen su diana. Repetirán las felonías de Fernando VII (retirado a Bayona a ver pasar, por la ventana, el desfile de un ejército invasor, dragones y mamelucos) y, por la mañana, antes del aperitivo, visitarán los bancos en donde han guardado sus divisas afanadas con la aquiescencia de las grandes empresas constructoras, energéticas y telecomas; y tal como en el 36 los que dejaron el Gobierno de España a merced de un dictador y se fueron con sus oros a los exilios Eldorados, estos nuestros próceres azules y rojos fundarán en aquellos lares dominicanos, sabatinos y del viernes por la tarde un Consejo de Ministros cara al sol que más calienta: “ El Contubernio de Santo Domingo y Maracaibo”, rumba. Así que, tranquilos: asados, vuelta y vuelta por las bombas norcoreanas, seguiremos festejando la estupidez del Halloween, la mamarrachada del “viernes negro”, la estolidez de los carnavales, la tontatina del Buñuelo, y la memoria apestosa de la momia de Franco. Relajados en nuestra bisoñez, ante un ataque preventivo de la URSS estaremos huérfanos de ladrones con cartera (y billetera) pero moralmente preparados para los asuntos serios y el genocidio ruso, que nos dejará las calaveras afeitadas a perpetuidad y los cuerpos tatuados de mensajes pacifistas en el sobaco, y estaremos dispuestos a bailar toda la noche eterna como pollos sin cabeza, esquilmados y pelados por la chusma progresista, centrista, derechista o izquierdista.