Camino de mis obligaciones, bajo por las escaleras que unen avenida de Santiago y avenida de Marín, ese puente-túnel que también cruzan las vías del tren. Me he encontrado cara a cara con un grupo de gente que ocupaba la acera, cámara de televisión incluida, y con una pequeña retroexcavadora al lado que se mantenía en discreto silencio observando el grupo. Los huelo a distancia: son políticos locales y aduladores en nómina molestando a la gente corriente para darse una sesión vermú de publicidad gratis. Efectivamente el alcalde intentaba sobresalir poniéndose de puntillas y separándose un poco del múltiple cortejo y ya arengaba como un poseído a la cámara, mudo cíclope devorador de instantes para un porvenir nebuloso. El ambiente olía a cloaca y creo que se debía a que la máquina, para crear ambiente, había roto unos viejos tubos de desagüe. Tuve que bajar a la carretera para poder seguir mi deambular plebeyo. Un cartelón más grande que el propio agujero anunciaba a los cuatro vientos el motivo de aquella ceremonia inaugural con carácter retroactivo. Dice el cartel, que todavía está allí, vigilante de seguridad nocturno, de un amarillo institucional apabullante que se irá diluyendo con las lluvias de otoño y morirá de viejo en este próximo invierno, escrito en mayúsculas mayestáticas: “PROXECTO CONSTRUCTIVO DO SISTEMA DE ELEVACIÓN VERTICAL DA AVENIDA DE MARÍN O (sic) SEU PASO BAIXO A AVENIDA DE SANTIAGO (OURENSE)”. He aquí el ejemplo de la farfolla oficial que envuelve en tinieblas toda la parafernalia falsa de los politicastros y sus servidores. “Sistema de elevación vertical”, dicen. O sea: un ascensor. Se supone que al ser de elevación vertical queda descartado el plano inclinado. Tal vez para construir un sistema de descenso vertical haga falta otra obra convenientemente subvencionada y otra inauguración en cartera o billetera del descensor. O tendremos que bajar por las escaleras, como siempre. Pero aun me llama más la atención la descripción del lugar, coordenadas geográficas que no dejan lugar a dudas. ¿Tienen tal vez miedo, los proyectores de tamaña obra pública, que ese sistema de elevación vertical pueda seguir su viaje hacia la estratosfera y aterrice en un lugar que no esté gobernado por nuestros ediles astronautas? ¿Se moverá la avenida de Marín cuando, en la noche oscura, nadie pueda verla? ¿Habrá una avenida de Marín en un mundo paralelo?. Y una avenida de Santiago que discurra por encima de esas viejas vías del tren, ¿será una nueva avenida Vía Láctea?. ¿Aumentará la distancia entre las diferentes cotas de nivel y se quedará corto el sistema de elevación vertical, alias el ascensor de toda la vida? Es difícil saberlo, el cartelón nada nos aclara al respecto. Es una lástima, disfrutaríamos de esa prosa oficial redactada por escribientes con escafandra con una nube de humo que asciende verticalmente en su cabeza, para no volver a bajar nunca, esta vez sí.