Lo que viene a continuación se resume en que adoro la justicia poética aunque sea tardía, así que les ahorro el trabajo de seguir leyendo. Tengo por el futuro la misma nostalgia que Buñuel cuando decía que le gustaría salir de la tumba cada cierto tiempo para leer los titulares de los periódicos y volverse luego a descansar tan ricamente. Tengo tan Málaga Virgen que los colmillos de saborear la sangre de algunos cuellos cuando salgo de jarana desde mi ataúd de 90 me sulibeyan las papilas gustativas del placer pensando en que dentro de cincuenta años a todos estos racistas de los pueblos puros y curos que hay en España, o lo que Diablos sea esto, los cuidarán en las residencias de ancianos unos bereberes o unos surfistas de Tràs-el-Sahara, de tez poco Rh negativa o neutra. Morenos, negros, rizados, iñakis de flor de magnolio, guapas y feas muchachas de oscuros colores, corales y alegres turbantes de seda, serán quienes les cambien los pañales a lendakaris y jefes de herrikotabernáculos en los que ya no se podrá repartir chacolí porque el imán de Bilbao ha lanzado una fatua (¿se dirá así en indocaucásico?) contra las cepas ancestrales. Ya no caben más injertos americanos para salvarnos de la filoxera religiosa a los borrachos habituales, menos mal que estaremos muertos y sólo serviremos de abono y alimento de gusanos y no tendremos más sed. Muchachotes de hacha y serpiente sin titulación académica harán palillos para las muelas de los muecines de Donosti que comen angulas chinas del Nervión. Y en el otro territorio centrifugado español habrá unos primorosos niños cantores en Montserrat que entonaran un góspel nigeriano-argelino estudiado en profundidad en las madrazas del Canigó por un descendiente de Idi Amín Dadá. El padre prior del reducto kkk animista será un orondo sacerdote maestro vudú que no habla castellano más que en la intimidad con sus siete esposas. Todo esto ha empezado muy pronto, cuando el Aleti de Bilbo Bolsón de la Bolsonera ha elevado a los altares a un muchachito que juega al futbol como dios, como Sampedro y como san Ignacio de Loyola levantando la sotana para no enmarañarse, y tiene ocho apellidos batusis. Es la foto en negativo de Orzowei. La ilusión mental que excluía del equipo de Bilbo a quién no hubiese nacido en el País Pureta; y el sacrificio intelectual que excluía de otro equipo vascongado a quién había nacido en la Otra España pero admitía a quién había nacido por ejemplo en Estonia, (feliz Karpin, qué gran jugador de la Real Sociedad y del Celta de Vigo), han quedado pisoteadas por los goles y las incursiones como una flecha del carcaj por las dos bandas. De la saeta rubia hemos pasado a la saeta negra. Sabino Araña se revuelve en su túmulo Paleolítico y quiere entrenar al Indaucho. “En Europa, si hay una nación, esa es eukal herria” decía el ayatola Arzalluz. El futbol os hará libres profetizan ahora los Guardianes de la Palabra Radiofónica. Dos muchachos poco carpetovetónicos, poco provenzales y poco euskaldunos (Williams y Yamal) son los nuevos profetas de un futuro que se va a comer toda la estupidez patriótica y racista de los carlistas y de los gudaris de mentón prominente y frente huidiza. “No sé si el próximo lendakari se llamará García o Hassam, pero su única Patria será Euskadi”, ha dicho, más o menos, Aitór el del Traktór, con la boca pequeña. Que no le quepa duda, porque los alcornoques han dejado de dar nueces.
Hace mucho tiempo que nuestros políticos tienen grabado a fuego en su cabezota la idea de que los ciudadanos estamos en la vida para darles cariño, amol, protección contra la gonorrea y dinero suficiente para que no tengan que preocuparse por el fin de mes y por la cuota de la hipoteca. Y chófer. Y la raya. Del pantalón. Son gentes que sienten el alma bien asentada en el culo apoyado en el escaño. O sea se sienten, coño. Algunos dormitan. Otros conspiran mientras sueñan langostinos de oro, másteres para sus niñas y un Martini al lado de la piscina desbordada por las carnes de las orondas esposas de los parientes pobres que han venido a cenar un risotto de barbacoa. “Te sale delicioso, ¿como lo haces para que tenga esa cremosidad?, a mi marido se le corta”, dice la esposa del que ha encontrado un chollo con la mano izquierda, es decir la mano siniestra. A los políticos españoles de la élite intelectual vaginal le brilla un diente en la lejanía como a Pedro Navaja matón de esquina, el que a hierro mata a hierro termina. Es un vicio, lo suyo… Van de un lado a otro como en las canciones de Mecano y creen que la gente que somos más o menos anormales estamos trabajando para que ellos sean unos seres tan celestiales como los faraones y las faraonas y los/las faraonos. Se rodean de aduladores, de chupamedias y de serviles buscadores de la moneda que se le ha caído al jefe cuando dio la propina: “Esto es un partido político español, señora, y si no lo aguanta váyase del pueblo”. Y cuando los catan como a los melones y les encuentran una empanadilla de mierda entre las garras se dedican a sollozar y pedir perdón. ¿A quién?, ¿a usted?, ¿al policía al que han insultado?, ¿al juez al que persiguen?, ¿al periodista que les ha sacado las lorzas al sol?, ¿a su camarera del desayuno indostánico?, ¿al niño? (siempre tiene que aparecer un niño en mis lacrimógenas), ¿al niño que va al cole cargado con una mochila de estupideces? (otro niño, véase la mala intención del que suscribe). Es la educación católica del perdón de los pecados que limpia fija y da esplendor; del propósito de la enmienda “lo siento mucho no lo volveré a hacer”; y de la resurrección de los cadáveres políticos, “no va a haber adelanto electoral”. Mejor nos hubiera ido sin el Concilio de Trento. Hubiese aumentado la honradez aunque hubiese disminuido la arquitectura pastelera.
Hay un delito tipificado en el código penal que es el de la receptación. Se produce cuando una persona, con conocimiento de que un delito ha sido cometido, ayuda a los autores a beneficiarse de sus efectos, generalmente de forma anónima, o con ánimo de lucro, o recibe, adquiere u oculta esos bienes: El famoso quinqui El Sánchez, alias bonny, alias “el ventrílocuo”, alias “el resplandor”, piloto escapista experto en alunizajes con Peugeot 505 y similares, entra a calzón quitado en el domicilio de los españoles, a los que libera de sus bolsas para que estén más flacos; de sus ahorros y de sus esfuerzos para que sean más felices y de sus relojes para que se mueran más despacio de asco. Una vez el facineroso ha llegado de vuelta con el botín a su casa okupada, abre el saco, saca los candelabros de plata, el rólex de la pobre Viuda Negra y el juego de café de Sevres de la tía Hermesinda. Mira aquello que le puede servir a su esposa para decorar la casa y el resto se lo lleva a unos viejos amigos, de la franquicia “La Cueva de Zaratustra”. Estos no preguntan nada, frotan las manos, cogen el material, entregan el vale por unos votos y bajan la persiana del chiringuito para celebrar con la familia un botín tan barato. “Collons de deu” dice Rufi “el peluquero”, “sarpristi” dice “Maravilla, la del Liceo”, “hái va la ostia” dice el último de los personajes, Aitor “Scrooge”, viejo usurero.