Da igual quién gestione aquello que es de todos los españoles: el aire que respiramos y mueve parques eólicos, el agua que bebemos y mueve turbinas, el sol que nos adormece y acumula energía en el tanga. Si seguimos los principios de los partidarios de repartir lo de los demás preservando lo suyo (estos que nos seudogobiernan en comandita con terroristas, carlistas xenófobos y excrecencias de la revolución de mojito y jinetera; o aquellos que nos van a gobernar, liberales hermanos maristas y heroínas Maricastañas y sus novios detrás de los espejos gatunos del callejón de Álvarez Gato) y hacemos que todos estos bienes comunes estén en manos del sector publico, no hemos de preocuparnos ni desvelarnos en la noche por el porvenir, porque los comunistas socialistas socialistos y socialistes y los pendolistas de pluma de ganso, liberaloides de cuchipanda, casoplón y cañitas con calamares, pondrán al frente de la dirección de todas esas instituciones filantrópico/ genitivas a la larga serie de sus amigos del alma (sociocomunistas y socioliberales son enemigos del Alma y han renunciado a ella desde su más tierna afiliación, vendiéndosela al Diablo), a sus amigos de cama y a sus amigos de colegio, a sus amigos de farra y a sus amiguitas de guateque, hermanos, cuñados de cena de navidad, primas del pueblo, compañeros de pupitre, carnosos con carné de Partido con muescas en el culete, porteros de puertas giratorias, porteros de burdel, porteros de puticlub, porteros que son como porteras, niñas pijas del barrio de Salamanca con currículum en álbumes de colipoterras, novios divorciados… Estos amigos, por desgracia, son todos unos agraciados ineptos, absolutamente cerriles y ambiciosos, incapaces de gestionar ni siquiera la economía de su nevera que han dejado siempre en manos de sus pápis y parejas, humanas o no. Acuden a sus puestos de trinque armados con una educación familiar de tenedor y cuchillo para merendar en casa ajena. No podrían llevar con solvencia ni la pedanía de una madriguera de conejos. Por lo tanto, en esas instituciones que gestionan lo común, aire, agua, fuego y tierra, el desastre y el caos que produzcan será siempre, no previsible a medio plazo, sino absolutamente seguro e irremediable como la propia Muerte; y si el Azar, ese desprevenido y juguetón invitado de nuestras vidas, coloca algún impedimento a su labor de demolición, y aplaza la buena marcha del cataclismo de turno, ellos pondrán los medios necesarios para esquivarlo y apartarlo de su objetivo primario y fundamental que es, definitivamente, que nos muramos de asco y aburrimiento, cuando no de hambre, no sin antes habernos esquilmado fiscalmente con sus servicios indispensables cobrándonos por adelantado el ataúd, – ese artículo de primera necesidad para reyes, cardenales, cantantes de copla, y generales de división; y de lujo para nosotros-, al triple de precio. Al paso al que llevan no va a haber ni donde caerse muertos, seremos alimento para pollos y vacas locas.
LA FIESTA DEL APAGÓN
Ponerse las pilas. Mirar el teléfono móvil como quien mira a un compañero de farra que se va a casa de su madre a cenar. “¿Pero vuelves?” “Claro, macho”. Ni siquiera invita, y es que “mi madre no te puede ver, por borracho”. La juerga sigue contigo, solamente contigo mismo en tu mismidad, como diría un filósofo de nuevo coño. Te colocas las pilas entre los dientes y te paras en un semáforo: Rojo, verde. Rojo y verde a la vez, pero ni alumbra. Pasa una moto con un simio encima. “Güey”, dice el camarero ecuatoriano oscurecido por la oscuridad, “no quedan más que cervezas frías; el vodka y los chupitos aun mantienen la temperatura”. Mientras tanto la madre del colega desertor le prepara unos huevos fritos calentando el aceite con un soplete. Se quema, el aceite chisporrotea, el huevo sale despedido hacia el fregadero. Mi amigo llama a una ambulancia, pero no hay cobertura, ni teléfono, sólo la luz en los destellos de unos faros que pasan. La madre de mi amigo da unos alaridos que cortan la respiración, esa herida no tiene buena pinta. “Ya tenemos”, dice El Buscón Don Pedros, “un consejo de expertos” (como en la pandemia, digo yo) “que van a analizar” (con calma perruna, digo yo) “los acontecimientos del apagón”(¡Salvados!, menos mal, digo yo). Red Eléctrica Nacional, otra red en la que caen los pececitos. Boquerones, sardinas, pulpos, calamares, y sobre todo besugos. Suena la rumba, suena la farra. El vodka está bueno y salutífero. Se está haciendo de noche. La madre de mi amigo ha muerto. Recibo la noticia el día siguiente, con todos los detalles iluminados, esquela en colores incluida. Y resaca. “Esto no puede volver a pasar”, dice El Buscón. Tal vez fuese mejor decir esto no pudo haber pasado NUNCA. Subí los seis pisos con una carga moral difícil de sobrellevar, la de no vivir en un piso a ras de suelo, las cosas pasan, era mejor prevenir y vivir en un sótano. Dudo en llamar a la puerta de la vecina del tercero, esa gordita tal vez se encuentre solitaria y apocalíptica, una güija no nos vendría mal. Pero el timbre no suena, mis principios me impiden aporrear la puerta. Cuando llego al sexto, no cometerás actos impuros, el mechero bic me ha quemado el dedo. Cambio de dedo. La llave está blanda y rosácea, intento meter en la cerradura un chicle, no funciona. Al fin en mi cama, no queda otra, me duermo con la esperanza de los resucitados en el señor. Tengo entendido que el Papa Franciscus ha muerto hace unos días. Dicen que era un papa RED, Eléctrico, rojo por dentro, blanco por fuera. No me creo nada, soy ateo y me quito las pilas de la boca para dormir la moña del apagón del 12 de mayo de 2025.