Este es un país en el que los pícaros, los mentirosos compulsivos, y los puteros son mirados con una cierta condescendencia, como miramos las travesuras de los niños aunque nos enfaden. El putero y el que se echa dos o tres novias a la vez, sin sentido del pudor ni problemas de conciencia, y además presume de ello; el arribista cachondo; el dicharachero que adula y no da un palo al agua, son mirados con arrobo y admiración y con cierta envidia por mucha gente, masculina y femenina. Los mulos aplaudiendo a los caballos castrados, decía Flaubert. Y viceversa. De momento los golfos gozan de buena salud. Si el presente golferío sexual y pecuniario de estos robaperas gubernamentales no fuese tan tolerado por nosotros, estos escándalos actuales (y ya no tan actuales) tendrían que habernos estallado en la cara hace mucho tiempo como un globo de tinta china. Esta enfermedad, esta lepra social, es contagiosa y avanza en el proceso de degeneración moral de la piel social: parece como si todo diese igual, que tengamos la misma consideración que tienen ellos sobre lo que es la propiedad y el bien común y la forma decente de comportarse en el Poder. Aquí sólo reaccionamos cuando nos tocan la billetera y los lindes de nuestras fincas y perdonamos todas estas manos políticas llenas de mierda porque en el fondo no sabemos si haríamos lo mismo, si no seremos tan golfos y descarados como ellos. Miramos hacia otro lado y pedimos otra caña en la terraza. ¡Me vienen ahora con los enchufes de las novias en la Administración Pública!: el modelo de enchufe ya hace tiempo que está homologado por derechas e izquierdas. ¿Cómo va un señor del Pepe a reclamarle algo de decencia enchufantil a un señor del Presoez si él ha estado practicando el engrase familiar desde hace lustros y sigue con lo mismo? Si alguien quiere hacer un master de nepotismo que se venga a Orense, me ofrezco de monitor de ejemplares trifásicos y conmutados variados; y quién predica la regeneración de la vida política entre estos cabestros analfabetos debería abstenerse de arrojar la primera piedra. Hay apellidos sembrados como pústulas a lo largo y ancho de la chiringuitada que estos impúdicos han ido creando en sus cientos de instituciones. Apellidos de vieja raigambre funcionarial, parentelas completas desde abuelos a primos del pueblo, hijos de tal y sobrinos de cuál, hermanas de arriba y cuñados de abajo. No todos son sobrinitas cachondas de Ábalos y Cía, pobriñas desamparadas, aunque también. Aun hay quien pide, lo he oído en una de esas tertulias radiofónicas de suave guante de cabritilla, una comisión de investigación sobre los enchufes en las empresas e instituciones públicas. Si desde Vigo a Cartagena y desde Vizcaya a Cádiz se eliminasen las garrapatas enchufadas a la Red Eléctrica de los Partidos podríamos vender megavatios excedentarios hasta a Rusia, bajaría el precio de la luz y muchos negocios familiares se quedarían a oscuras.
Nada tiene que reprochar Pepe a Presoez en la utilización de los enchufes bendecidos por dios y por Europa porque los han estado usando ambos con verdadera maestría, sin esconderse tras la puerta, a pleno sol, sin calambres en la conciencia, con lobis oficiales mixtos, pepitiños y alonsiños (“firma de consultoría supraespecializada en asuntos públicos, estratégicos y proactivos”, farfolla puteril para enchufes amorales). Los que aun no han metido la cuchara en esta sopa boba tan apetitosa que es el peculio público, en cuanto puedan, Sí Se Puede, lo harán a lo grande, no me cabe duda, ya señalan maneras, y meterán los dedos en la clavija: los cuatro gatos encerrados que manejan los estipendios oficiales para ser filósofos portátiles de dictadores caribeños, entre tanto les llega la hora, se resguardan del frio de las apreturas de fin de mes y van pagando las desorbitadas hipotecas de sus castillos y apartamentos en el Madrid de los Austrias y los Borbones, dos ejemplos a seguir. Maduro firma el aval; y el Estado español las nóminas. Los otros, los del Votox, orgasman con el Señor Naranja y sus mamarrachadas y con el señor Putín, que es quién les da canela fina; defienden a un palurdo con corbata chorra porque les ha dado un cachete y un pellizquito en la mejilla, imponiendoles la Confirmación como obispo orondo, y se quedan tan contentos mientras ponen el cazo y las dos manos rezando a la matriuska Señora del Kazán. Como para invitarlos a comer con la familia, a cualquiera de todos estos sujetos que sientan su culo en el Gobierno y en la Oposición: en cuanto te descuides ya están metiéndole la lengua a la prima de Cuenca y guardando en el bolsillo la cubertería de acero inoxidable, el marco de plata, las bragas de la abuela, y la game boy del niño.
- LENOCINIO
Me paso la vida pidiendo perdón. El clímax de esta costumbre insana suele coincidir con el plenilunio. Soy un hombre de verbo excesivo y de adjetivo retráctil, así que muchas veces las manos y sus correspondientes dedos son mi apoyo para rematar un razonamiento escaso de fundamento o un pensamiento poco reflexivo y políticamente muy incorrecto. Hablábamos de putas y Vargas Llosa. Mejor dicho, se hablaba de Vargas Llosa y yo hablé de putas. “Pantaleón y las visitadoras” y “La casa verde”. No he vuelto a esos libros, ya ni me acuerdo de ellos, pero me queda un regusto a bebida dulce y potente, a sudor y a bragas en la nevera. No sé si tengo algo de memoria ni porqué me juega la memoria estas malas pasadas. Putas: no son lo mismo la putas de papel en las páginas de la novela de Don Mario que las putas de papel cuché en las páginas de un semanario en Sálvame jesús mío, en una peluquería de Arequipa o en una cafetería de la Calle Velázquez, pintor que lo fue de la Villa y Corte. Hay días, ya lo he confesado (y pecado confesado medio perdonado), en que me nace en las puras entrañas un gusto por la lapidación de adúlteras, tenderas viciosas y jorobados usureros. Y pido perdón con la mueca torcida, arrepentido de mi propio exceso sincero. En esos días se me ocurre que las putas más sencillas son acaso las más desgraciadas, que las que hacen la calle en Taxi driver son las más amorosas y que aquellas cuyos restos mortales recoge la furgoneta de los proxenetas para dormir un sueño de ojeras violáceas y drogas variadas somníferas, son las mujeres más hermosas que yo haya encontrado jamás. No te pongas estupendo, joder, que tú estabas hablando de Vargas Llosa y de sus putas elegantes o alegres o algo parecido (putas tristes eran las de García Márquez). Voy a retomar “La casa verde” y “el Pantaleón”. Por delicadeza, por respeto a don Mario, tan pulcro y educado, tan putero literario de postín. A las putas alicatadas que jamás dieron nada gratis, ni siquiera literatura, que les den cristiandior.