Después de asistir en El Cercano como oyente a varias clases sobre “Desarrollo psicosexual y promoción de los valores de la afectividad entendida como retroceso en la escalada del rijo contraproducente” tengo que decir que ya no me importa tanto (aunque me sigue preocupando) que Trump haya prohibido a sus representantes diplomáticos mantener relaciones sexuales e incluso sentimentales con sujetos chinos. O con chinas sujetas, por lo del sadomaso. De todas maneras he preguntado a los ponentes, en la charla coloquio posterior al cursillo, si debería preocuparme por esta decisión, a todas luces arbitraria, y unánimemente se me ha contestado que era muy improbable que, de momento, yo fuese nombrado embajador de USA, o siquiera cónsul, en alguna de las ciudades del celeste imperio o islas aledañas a Hong Kong; que hubiese alguna china que me tomase procreativamente en cuenta; y que los chinos en general observan muy de cerca los defectos ajenos. Así que me recomendaron, para curarme de mis preocupaciones por un futuro diplomático sentimental incierto, una turné por la calle de los vinos con unos beodos republicanos maoístas y que nos jugásemos las rondas al chichi-money (adviértase el guiño sajón) para intentar rebajar mi desdichada y enervada libido intelectual amenazada por aquel cretino de pelo naranja. Parece ser que este paseo alcohólico es remedio infalible contra el mal de amores, te evitas contactos circulantes con letras de cambio a treinta días y, si tienes suerte, al salir del baño nadie te mira la bragueta. Como es de bien nacidos ser agradecidos yo reconocí amigablemente a mis conferenciantes del El Cercano todas sus ponencias y los consejos subyacentes en la tertulia (nadie habló en posición horizontal en ningún momento pero se deslizó como sugerencia la posibilidad de un paseo romántico a la luz de la luna cabe el malecón del rio Cabe) y procuré tomar buena nota de todas las triquiñuelas festivas que se dejaron caer y elevar en el ambiente, tales como globos de silicona sustituyendo los famosos farolillos de papel y marcas desconocidas de preservativos ultransensibles cuánticos en lugar de la clásica mezcla de jade y cantárida. “No has de preocuparte, alumno torpe: lo que sientes es producto de la primavera, del amarillo polen de los pinos que afecta a la glándula pineal y de la recalcitrancia genética de los hombres que se resisten a ver rebajadas sus expectativas una vez que han sido elevadas”. Trump nos ha prohibido a los diplomáticos de vocación jalar de forma libérrima roscas sinoeróticas y eso me molesta más que si me hubiesen puesto un arancel en el prepucio, a pesar de ver reducida mi preocupación después de los consejos académicos. Se empieza por prohibir sexo y poliamor con chinos y se acaba convirtiendo a los burgueses de occidente en eunucos cebados con inteligencia artificial y series de Silicon Valley en bucle. Los locos han conquistado la Tierra y acabaremos practicando el sexo de los ángeles, por las aceras, y el de los evangelistas apócrifos y los santos estilitas del desierto, en El Cercano.