Ya llevamos un tiempo con esa idea testaruda (¿para cuándo “testarruda”?) de que en los últimos tiempos es como si los europeos fuesen muy iguales a nosotros los españoles, (vete tú a saber quiénes somos nosotros los españoles) y en cambio nosotros los españoles no somos iguales a nosotros mismos. Mismamente, mesmísimamente, es una idea recurrente acompañada de una realidad tozuda. Ya lo dice ese estuche de perlas, “la” Miriam Nogueras. Dice: “esta bandera no me representa” (por la bandera española), “me representa mucho más esta” (señalando la bandera europea azul de las estrellas). Claro, esta muchacha con aspecto estreñido está más cerca de un asesino genocida serbio que de un albañil extremeño; más cerca de un señorito mafioso que bebe café en el casino de Budapest que de un anciano que sobrevive en una residencia de Betanzos, provincia de La Coruña. Los europeos, y también tú, Miriam, mi amol, son así, guapos, altos, rubios, inteligentes y demócratas de bandera azul, como las playas más limpias, con unas estrellitas blancas que dan vueltas alrededor como las que se ven en los dibujos animados cuando alguien se da un porrazo y dice el “pio, pio” de los pajaritos preñados. La señorita, o señorona, Miriam Nogueras es una cursi pija (al contrario de los “pijoaparte” marsenianos, que son más bien inmigrantes en Barcelona y se benefician funicularmente a la prima Montserrat), que todo lo más que ha hecho en su vida ha sido odiar a los españoles (así, en general, porque no creo que me odie a mí, que no me conoce) y atusarse el pelo para tenerlo como cola de Escuela Española de equitación de Viena, el vals de Strauss relinchado por yegua. ¡Y pensar que esos caballos también son españoles y europeos al mismo tiempo! Es una lástima que la cabellera de Mirian Nogueras no le crezca hacia el otro lado de la cabeza dura y oculte a nuestros ojos definitivamente esa sonrisa de Jim Carrey en “La Mascara”. No me molesta que retire una bandera de España para decir sus majaderías, o que se niegue a dar su alocución capilar proctosintáctica en catalán en una tarima con una bandera de España y otra de Europa flanqueando el atril, al fin y al cabo las banderas están hechas para decorar los pijamas infantiles y ya se sabe que los pijamas infantiles acaban perdiendo la goma de la cintura y más pronto que tarde se va a ver el culo. No, lo que me molesta es que eso lo haga en mi casa, con mi bandera y cobrando una nómina que le pagan los españoles (entre ellos, ella, mal que le pese) a través del odiado Estado español. Si los que tienen que cuidar mi casa cuando yo no estoy en ella permiten que alguien se cisque en mis propiedades, o bien tienen que dejar de cuidarla o habrá que deducirles de su sueldo, a esos caseros administradores desleales, todos los desperfectos causados. Y eso, estoy seguro, les iba a joder mucho a los capataces del fregadero progresista del Congreso de los Diputados, que tienen las manos tan llenas de grasa europea y manteca española. No querrían perder ni un euro tan duramente ganado.