Lo primero, decir que la foto no es mía sino que la tomo del Faro de Vigo, y esto lo digo celoso con el respeto al derecho de autor, derecho a que nadie suplante su mérito. Dicho esto, la fotografía de Víctor Iglesias Viqueira me muestra la entrañable persona, buen periodista y en mi caso, sobre todo, maravilloso compañero de redacción. Lo conocí aquel verano del 78 en Chapela, redacción del Faro, donde hice prácticas siendo director del periódico Armesto Faginas. Allí sustituíamos los becarios – conste que entonces no nos llamaban así a los estudiantes en prácticas- a los redactores que cogían vacaciones en el verano, y lo hacíamos sin instrucciones más allá de las mínimas imprescindibles y de conocer el lugar donde recoger a cada hora los teletipos concernientes a la sección que nos tocaba cubrir, escogiendo, corrigiendo y titulando la noticia que pasábamos a maquetación. En este océano de ignorancia propia de la inexperiencia, floté en los primeros días gracias a dos periodistas en particular, uno de ellos el inolvidable Fernando Franco, el otro fue Viqueira que siempre sentí al lado con su consejo y buen humor, siendo un gran remo para que saliera de las aguas turbulentas por particular temor a cometer un grave error. El estudiante que yo era, además un tanto apocado y demasiado responsable, las pasaba canutas al principio pensando en ese error que al día siguiente podía ver publicado e imborrable para siempre. Viqueira me rebajaba cualquier exceso de preocupación por esa hipotética trascendencia, que no era para tanto, y me daba esos “Pensamientos Miau” para mayor relajación. Pues bien, o mejor dicho, pues mal, el amigo Víctor ya se ha ido de Sabarís al nuevo domicilio del que todos hablamos sin haberlo visto; ha fallecido esta semana, y yo sin haberlo vuelto a ver en tantos años. Recordarlo tan bien pese a esa distancia de años habla de la marca que él dejaba como persona y que se intuye en esa mirada bucólica, siempre pensativa, y en esos dedos amarillos de la nicotina amiga que mata, por desgracia, pero que acompaña. Sin duda, esto es un sinvivir, como decía antes, propio de tener cada día a más gente amiga sin vida que con ella, por eso me voy ahora a reflexionar un poco sobre el sentido de ella, la vida, con la encíclica del Papa, a ver si me da alas…, no de Red Bull sino de León XIV. Veamos.
- Sección: Noticias
- Publicado el 18 julio 2026
- Por Moncho