Ayer en un piso allegado tuvieron que sufrir las consecuencias del desajuste horario con el que vivimos en los continentes separados por el Atlántico, y es que por mor del Mundial de fútbol hay partidos que se juegan en la madrugada española, y hay fanáticos que prefieren no descansar para ver a su equipo que cundir al día siguiente como Dios manda. Hasta aquí, allá cada cual con su situación particular, pero en lo que atañe a un vecino, pues no, ahí ya lo único que cabe es dejar descansar al que pasa del juego y que no le toquen las pelotas mas de la cuenta. La cosa va de respetar. Pero lo contado es coyuntural, no todos los días, o mejor dicho, no todas las noches acontece un partido nocturno, así que no deja de ser coyuntural también el enfado pertinente por no dejarnos descansar. Otra cosa, con lo que la categoría de simple vecino pasa a ser puñetero vecino es cuando éste planta un árbol en su parcela frente a tu balcón y lo deja crecer tanto que te quita la vista, como si secara el mar, que, en parte, fue motivo de tu adquisición inmobiliaria. Me toca la empatía que el de enfrente no la tenga mínimamente, metiéndome el dedo en el ojo de mirar, tapándome el paisaje cual dedo la luna, y es que hay vecinos que van únicamente a lo suyo sin importarles un comino el de enfrente. No obstante, seguiremos instalados padeciendo esta catarata arbórea que dios quiera un día venga aliado Eolo a echar una mano y tirar abajo el egoísmo. Y seguimos, claro, ahora paseando la playa, sin lágrima que cayó en la arena y que todos los males sean estos, donde me encuentro a la amiga Marieta que se preocupa porque vaya solo. Pues sí, me encanta caminar sólo sobre la arena, porque realmente no lo estoy, llevo conmigo una cantidad de personas a las que guardo mucho afecto por lo que puedo decir que me siento más acompañado que si fuera con alguna pandilla de amiguetes de esos que lo son únicamente por no ir solos caminando por la playa. Los que yo llevo conmigo cuando voy solo son del grupo que hablaba hace tan solo unos días, de los muertos muy vivos, con la ventaja que pienso en uno u otro a mi gusto y sin que ninguno se ofenda si no toca su turno. Por supuesto, al tratarse de Marieta, volví a recordar al añorado Willy y el día que en ese entorno tuvo un pequeño accidente doméstico que sirvió una vez más para darnos ejemplo de cómo hay que tratar a la adversidad, casi riéndose de ella o, por lo menos, con ella. Además de con los amigos muertos que siguen vivos en mí, llevo en mis paseos los pensamientos que mi afición por la lectura me procura, desde las parábolas difíciles de entender que tampoco lo son para Carrère, la de los talentos o la del hijo pródigo, como si se me cruza la “teoría del procesamiento predictivo” pensando en el zumbado del presidente, que explica que aunque pueda parecer que percibimos el mundo directamente, se trata solo de una ilusión; lo que hace nuestro cerebro, en realidad, es generar una especie de alucinación, o zumbe de presidente. Y ya si me meto en el paseo con pensamientos políticos, no importa si de carácter local, nacional o mundial, entonces, entonces tengo tema suficiente como para llenarme la chola de ideas y que no doy abasto. Por cierto, y como todos los años me cruzo en esta localización de litoral a Óscar Outeiriño, y como quiera que aquí coincido con el abogado de su alcalde enemigo, Luis Salgado, pienso en la noticia de la sentencia favorable a Jácome cuando unos días antes el diario nos contaba que el fiscal le había pedido nueve años de trena; pues qué decir de lo entretenido que me tiene el pensar en las reacciones de uno y otro, tan distintas e irreconciliables como muerte y vida. Bueno, planto por hoy, no quiero cansar al que me lea, si lo hay, y me voy a tomar el sol.