Paseando ayer por Vigo nos topamos con una exposición de fotografías en plena calle Príncipe. Son fotos curiosas publicadas por El País a lo largo de su historia que conmemora la celebración de su 50 cumpleaños de existencia. ¡Cómo pasan los años! pues me veo a mí mismo con este periódico debajo del brazo recién salido, el periódico que no yo, que leía en los transportes públicos yendo hacia la Facultad de Periodismo, dejando el crucigrama para hacer mientras tomaba el café en uno de aquellos silenciosos Cafés que había en el barrio de Arguelles. Las fotos que se exhiben son variopintas, entre las que está aquella de la teta que destaca en la cita de Susana Estrada con Tierno Galván y otros caballeros de traje y corbata, o la del Siniestro Total Julián Hernández en plena actuación de la movida musical. Nos paramos enfrente de esta foto y recordamos el mosqueo que el cantante vigués cogió cuando la fresca Paloma le tocó el sombrero en elcercano; estaban compartiendo un momento de reencuentro las amigas viguesas que lo habían tratado cuando todos eran muy jóvenes y que vinieron a elcercano con ocasión de la presentación de su libro; pues nada, en los momentos posteriores a la presentación y en torno a la mesa grande y un vino o cerveza, a Paloma se le ocurrió hacerle la gracia de tocarle el sombrero, reaccionando éste como si le quisiera tocar los cataplines o sacarle la dignidad entera. La cosa no pasó de ahí, del mosqueo inicial de la estrella que indicó que el sombrero no se lo toca ni dios, contando una anécdota de la ocasión en que se lo sacó un amigo de la cabeza y después se lo perdió, quedándole, por lo que se ve, verdadero trauma. Ayer lo vimos en la foto y pensamos: “esta es la nuestra, Paloma, tócale el sombrero, que aquí no hay lugar para la queja”. Así lo hizo Paloma y así cambió de sentido esta exposición de fotoperiodismo al cambiar de posición el observador y pasar a ser el retratado. Y riéndonos de las tonterías que nos ofrece la vida nos fuimos.