La cosa trata de cuántas personas vivas para nosotros resultan como si estuvieran muertas, y al revés. Sobre el primer caso le oí decir a S. Lamas que, cual el D. Juan -Carlos Castaneda- llevaba a la muerte encima del hombro para mirarla de vez en cuando y así que ni siquiera el peyote le alejara de la certidumbre de reconocerse no más que un mortal, encima del hombro Santiago lleva su propio cementerio de vivos que son personas que uno entierra para siempre por la enorme decepción provocada en él mismo aunque sigan vivas para otros. Pues yo comparto ambas ideas y también siento a mis propios vivos como muertos en las personas que me han decepcionado tanto que no me interesa ya ni siquiera mentarlas, o si se quiere -como hace Leire con P.S.- por sus iniciales: L.V., S.S., C.M., O.O. y alguno más que ya ni F.ni F. Prefiero hablar algo de las que, al contrario, están muertas físicamente pero siguen vivas, muy vivas en la memoria y el afecto. Por supuesto, tengo en la cabecera de la lista a padre y madre, inolvidables ahora y siempre, como personas que no solo me han dado la vida sino el amor necesario para sufrirla e incluso quererla como la quiero, la vida. También Ade y Basilia están en el trono superior, dos mujeres sin lazos de consanguinidad que se hicieron familia desde antes de llegar yo a la vida, pues una, primero niñera y después cocinera, la otra, enfermera de la clínica paterna, se dieron tanto a la familia que hasta murieron solteras. Además de estas principales personas, y hasta los 40 principales de una música que suena no radiofónica sino celestial, contaría a los amigos íntimos que no se olvidan, como el Rubio o Domingo, y los buenos amigos como Telmo, Eloy, Álex, Willy…, amén del resto de familia con la que uno tuvo cercanía importante. Pero como también hay más que sin llegar a ser como los anteriores, tan cercanos y entrañables, sí siguen estando vivos cuando los recordamos, hoy traigo para ilustrar este breve comentario de vivos y muertos a una persona que pasó por nuestra vida de Ourense como un soplo de autenticidad y sinceridad, también de punto utópico con su proyecto Todoísta de construir algo así como un templo humanista universal donde había vacío provocado por la destrucción terrorista de las Torres Gemelas, no en vano entonces él vivía en Nueva York siendo arquitecto además de artista, que es el gran Maec, autor de la pierneta, fallecido hace unos meses en su Córdoba natal; pues, sencillamente, este amigo menor, está entre los muertos vivos, en el otro hombro alternativo al cementerio de los vivos muertos. Eterna dualidad.