Para muestra un botón, o una fotografía; valga ésta de estos dos hombres sentados para refrendar lo que dice el título: ¡cómo no echar de menos elcercano! Pues claro, porque estos momentos vividos en el que sabios reunidos, tan opuestos y cercanos al mismo tiempo, fueron momentos únicos, porque no es común estar entre un obispo católico como el entrañable Jose Carlos y un ateo recalcitrante como el amigo Vicente en un ambiente tan cordial y amistoso, donde, a la vista está, no falta cenicero y copa para esos vicios confesables, paradójicamente de mano del obispo que no del ateo. Elcercano era esto, un lugar de encuentro que propiciaba que personas diferentes se conocieran y se volvieran amigos c0n el tiempo, que producían pensamientos desde su sabiduría y nos los participaban a otros que abríamos ojos y oídos para aprender algo y ser menos ignorantes. Por supuesto, este patio que nos acogió sobre todo en la pandemia era particular y será siempre ese rincón del alma donde se conservan recuerdos de extremos momentos como el pasado en dramática pandemia, donde -hay que recordar lo acojonados que andábamos con “lo incierto” peligroso a nivel global- encontrábamos refugio y calor humano frente a esos miedos, compartiendo tiempo en ese espacio con personas entrañables. Ayer comenté la carta recibida por Pepe Rivela, otro ser inolvidable, hoy son Jose Carlos y Vicente, pero muchos más están clavados a sangre y fuego en este rincón íntimo de elcercano, el corazón, para siempre. Esto es lo que tiene volver a ver alguna fotografía pasada, y hay muchas más, pero poco a poco.