No sé si mejor que animalandia convendría en llamar animalada a lo que acontece en una ciudad como la de Ourense con esta nueva sensibilidad humana hacia el hermano animal. Leyes de protección hasta extremos de regular derechos de los animales, que son los que no se enteran, simplemente porque son animales. Me refiero, por ejemplo, derechos a pisar todo tipo de locales, sea cafetería o Corte Inglés, cual si fueran personas, y los demás humanos que no tienen parentesco con el guau-guau pues que se fastidien, sobre todo si a este le da por levantar su voz, que nunca es susurro sino grito munchiano. Animalada es cuando atacan las palomas kamikaces cualquier mesa de café con su vuelo en picado sobre restos de patatas o doritos que dejan los clientes que se acaban de levantar. Unos levantan el culo de los asientos y otras, las palomas, no levantan el vuelo hasta que devorar lo que hay en mesa o suelo. No me explico como todavía no hay norma municipal que prohíba a bares y cafés servir este tipo de alimentos en las terrazas, pues resulta evidente que atraen como la mierda a las moscas a las aves picoteras, y eso contra cualquier principio de higiene y salud alimentaria; a veces son tantas que se hacen avalancha hasta meter miedo, y esto sucede en la mesa de al lado donde usted disfruta su terraceo ¡vaya placer! Lo siguiente que sufrí ayer en la Plaza de Paz Novoa, sentado en un banco de madera, fue una plaga de mosquitos revolotenado sobre mi cabeza que no la dejaron quedarse quieta ni un momento, al igual que a mis manos moviéndose por acto reflejo como si estuvieran jugando al padel; nada, aquí no hay nada que hacer y lo mejor es pirarse, pues no se me ocurre método que los espante ni norma que se reivindique. Pero aún me quedan los perros, esas mascotas que han ido ganando terreno al humano que no es dueño de uno de ellos; aquí vemos a un montón de seguidores de San Francisco, que no oran pero sí aman al animal hasta el punto de permitirles ladrar y ladrar sin inmutarse si impiden conversación humana; los dueños, que están encantados de estos diálogos caninos, muy molestos para cualquier vecino que aspire a vivir sin ruidos en la urbe. Pienso que para esta rebelión animal, mejor en la granja que no en el parque, plaza o calle de mi ciudad. Aprovecho para denunciar una vez más las cagadas perrunas que no son recogidas por sus amos cuando no hay ojos que no los ven, porque haberlas haylas. Solo nos faltaba por ver a las ratas pasar, visión que en este momento hantavirus es el colmo de la animalandia urbana. Para esto no sé si será mejor irse a vivir al campo y poner distancia con los animales de dos patas que nos tocan los…, los pies a algunos.