Voy a ser yo quien de a conocer a los lectores de elcercano la noticia de mi dimisión como miembro del Patronato de AFundación. Lo hice la semana pasada mediante carta certificada al presidente del Patronato, Miguel Ángel Escotet, quien me acusó recibo con otra carta cordial y amistosa donde entiende mis razones personales que determinaron mi decisión. Por supuesto, se lo participé al alcalde del ayuntamiento de Ourense, institución a quien representé en el Patronato. La verdad es que fue una experiencia más, y otra dimisión más que añadir a las varias que he llevado a cabo a lo largo de mi vida. Precisamente por algunas de esas otras dimisiones que algunas lenguas viperinas de Ourense tergiversaron, convirtiéndolas en ceses inventados, léase cuando dejé mi puesto como Jefe de Relaciones Externas del Ayuntamiento de Ourense tras solo dos meses y un concejal del PP se hartó de decir que me habían echado ¡pobrecito, mío, que ni lo menciono!, o cuando dejé de ser vicepresidente de Cruz Roja en Ourense en que el presidente Mondelo se hartó de decir que le hice la cama para quedarme en su puesto: el tiempo nos puso a cada uno en su lugar y cuando me propusieron firmemente hacerme cargo de esa presidencia nunca ambicionada me faltó tiempo para decir NO, ya me había bastado. Que no, coño, que no, que la verdad y no es pedantería es que siempre he sido yo quien se ha ido de los cargos, a Dios gracias, y simplemente porque cuando llevo cierto tiempo en un cargo reconozco los vicios de donde estoy y escapo y a otra cosa mariposa. Por supuesto, también hoy lo digo para tapar alguna boca de gacetillero impuro que piense enrevesadamente por su poca simpatía con uno y así, a tomar por culo el relato verdadero. Como uno ya sabe más por viejo que por diablo, quedo aligerado al participároslo. En todo caso, diré lo de Beckett: “Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.