Es una fotografía de la cara oculta de la luna que mete miedo; miedo a esa oscuridad profunda del insondable Universo, que nos deja reducidos a la mínima expresión, a un simple signo de interrogación sin respuesta; miedo como el que siente el niño en la noche oscura cuando se apagan todas las luces y no ve nada. Es la cara oculta que también tenemos las personas, la contraria a la cara para la galería, una cara que si en alguna ocasión se revelase por una suerte de antorcha quemaría. Admirable la valentía de estos humanos que osan largarse fuera de nuestra órbita, más allá de 400.000Km, donde un fallo, improbable pero no imposible, podría alejarlos de pisar tierra para siempre. Sólo de pensarlo se siente vértigo. Hay misiones como las de antiguos evangelizadores a pueblos primitivos y la de esta misión Artemis, que al resto de los mortales nos quita el hipo. Bravo por ellos.