Pues sí, resulta que uno comentó al otro su propósito de escribir una novela policíaca alrededor de cuatro sillas donde sentaban sus lindos culos otras tantas amantes. Cuando se lo contó, el otro le escribió un soneto que dice así:
En El cercano
Vive Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla:
multiplicas por cuatro aquesta silla
y acoges a los amigos con largueza.
No siento el culo, pues me da pereza,
hincar en suelo alguno mi rodilla:
mejor yo como con un tal Revilla
alguna anchoa o lo que me apetezca.
No proclamé dicterio con mis versos,
no mentí a la verdad, ni a la prudencia:
en cuatro sillas posan sus reversos
Antonia, Lola, Dolores e Inocencia:
cuatro putones del azar adversos
en quien pone voçé su complacencia
Estrambote: Chúpate esta, amigo dilecto, que te di en el mentón golpe perfecto.
¡Ajá! exclamó el receptor de esta misiva, quien ni corto ni perezoso, replicó con otro soneto:
| • Sobre el misterio de las cuatro sillas (2) Réplica a Chesi |
| Las grandes y redondas maravillas hasta aquí citadas con esmero bien sabe Dios y el mundo entero que de la mano vienen de cotillas
Con ajos pimienta y pescadilla hiciera su condumio el artero que no valen las artes del torero si no se plantan antes las semillas
Las sillas y nalgas aquí mentadas no ignora el vate maldicente que tienen bellas dueñas bien formadas
Si despierta deseo en el doliente aplique agua, ajos y pomadas así seguirá frío y yo caliente.
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Y así, pasábamos duelos, risas y afectos, los Chesi, Lamas y quienes estuviéramos al tanto de tan amatorias rivalidades, siempre de cuento, ficción o poema, porque de la realidad ni os cuento si hay cuento o autobiografía ficción.