La belleza es algo espiritual, entra por los sentidos, en este caso de la vista, también del oído gracias al ruido del mar, y se mete dentro del alma hasta devolver a la experiencia sensorial un mejor humor que antes de contemplarla. A Dios gracias. De algo de esto habla el cambio de conciencia de Silvia, quien, por cierto, anda estos días contemplando similares vistas. Hoy me siento algo Christian pues el insomnio se ha metido dentro de mi y ya he desistido de ganarle la batalla por esta noche. Pero es curioso que con él te asalten aquellas cuestiones que tienes postergadas, voluntaria o forzosamente porque no dependen de ti, al menos en gran parte, y que reclaman su atención debido a los aplazamientos continuos conque las tratas. Ya digo que algunas no dependen de uno, pero, al menos, vayamos afrontando aquellas que sí, aunque moleste hacerlo, y exijamos de otras la determinación ajena que le corresponden. Después, más liberados de fardos que hay que soltar, tratemos asuntos de más enjundia y dolor, cual es, naturalmente, el que depende de saber bien quien es tu familia, esa que solo se sabe después de repartir la herencia recibida. Espero que después de dos años y medio, y como fiesta de cumpleaños de mi querida madre, desgraciadamente sin ella, que será el 25 de junio próximo y que haría el siglo ¡que pena no llegar!, espero que nos entendamos definitivamente los cinco hermanos que mantenemos diferencias para firmar la adjudicación de herencia que hizo ella antes de partir. Dos no la aceptan, por razones que en principio argüían de legalidad y ahora de índole económica, para lo que ya no vale lo acordado con su anterior abogado, pues ya tienen otro, u otra. Pero es momento de acabar una espera que trato de olvidar, pero está a la que salta en momentos inesperados pero que desvelan. La belleza, decía, nos salva, y sí, claro, pero no hay mayor belleza que llevarse bien la familia, al igual que los amigos y demás personas en general, pero los seres humanos somos cacharros defectuosos que no damos con la maquinaria que nos lo haga apreciar, así que ¡a joderse! esta noche, y las que vengan. Solo quedará vomitar la historia de uno para que no haga úlcera en el estómago sus humores ácidos. Buenas noches y hasta mañana.