Hay políticos que no debieran serlo, pero no de ahora sino desde que decidieron vivir del cuento político de nuestra democracia. Uno de ellos es Patxi López, un tipo que no pasó de primer curso universitario porque vio que menor esfuerzo para conseguir un medio de vivir sería subirse al carro de un partido como el socialista. Un vividor como éste, cuya única condición y talento para seguir siendo algo en política es la acomodaticia, o sea volverse pelota para que lo tenga en cuenta el nuevo líder, no quiere que nadie le recuerde el pasado porque es evidente. Y ahí está lo que aconteció ayer, que un periodista provocador y valiente al mismo tiempo le encara la verdad más dura a un tipejo que en su día lleva el féretro de un compañero asesinado por ETA y que ahora ha apoyado la lavandería etarra más manifiesta con la salida a la calle ayer mismo de una asesina condenada a tropecientos años y que no ha cumplido más de siete antes de volver a pisar sus calles, porque son sus calles, las vascas, las de Bildu y un PNV cobarde hasta las trancas. El político se bajo a la altura del periodista y levantó su brazo para amedrentarlo con el insulto “basura”, y las cámaras del Congreso que grababan la escena se apagaron, cual si viviéramos en una dictadura más de las que han vivido los pueblos de esta tierra que no deja de estar contaminada, sobre todo por la naturaleza humana más miserable. Ahora que estamos de flotillas esperpénticas de capitalistas en defensa del régimen dictatorial castrista, me recuerda la anécdota que cuenta Jung Chang en su último libro “La vuelta de los cisnes salvajes” sobre Carrillo a este tipo de ser humano que desde la lucha por la igualdad social se vuelven amantes de la diferencia que combaten en dos telediarios, aunque sigan vendiendo sus ideales muertos a los pánfilos y zombis varios que no enfrentan esa verdad humana manifiesta. La anécdota que cuenta la escritora china sobre Santiago Carrillo corresponden a su viaje a Madrid para seguir preparando su biografía sobre Mao; cuando conecta con su intermediario para invitar a comer al líder comunista español en el Ritz, donde la alojó su editorial, éste le dijo que no iba a aceptar el ir a un restaurante de lujo como ella pretendía, pues el comunista es comunista a conciencia; pues bien, Jung, que conoció a mucho dirigente comunista de todo el mundo, muy segura de su invitación insistió en que se lo dijera a Carrillo, y ¡oh, sorpresa”, no solo aceptó sino que cuando entraron al comedor el maitre saludó a Carrillo y le indicó “su mesa” al fondo, donde era un habitual. Se comprende bien, así, a los de la flotilla de aquí y allá, personajes que, como Pablo Iglesias, predican para los demás lo que ellos no aceptan para sí, igualito que el meapilas de Patxi el cínico, que blablabla y a portar féretros pero a la hora de mantenerse en el poder, aquí paz y allí olvido. Vomitivo. Y, por cierto: ¿Dónde está el resto de periodistas? ¿Cómo pudo bajar tanto el nivel de estos profesionales?, sin duda, y a la vista de su falta de compromiso con la verdad y el oficio, mejor escribir desde aquí para tres amigos que en ningún periódico que te haga sentir ridículo y basurilla.