Anda uno atragantado de preocupación ante tan triste actualidad que nos toca vivir. Además de la posibilidad de destrucción de las armas cada día más monstruosa, y la amplificación de otra presunta destrucción a la que nosotros mismos contribuimos como esclavos de nuestros aparatos móviles, que nos amplían información a través de distintos medios de como va el resultado bélico, con veracidad o no cuando se trata de fuentes dudosas, o más, con recreaciones a la vista que no se sabe bien si son ciertas o producto de la inteligencia artificial, me provoca un hastío por ansiedad que cuando despierto y me doy cuenta del daño que hace este enganchamiento, lo aparco y descanso del estado de acojonamiento en el que me siento. Si ya la causa bélica de por sí produce gran incertidumbre, la puesta en contra de nuestro país con el mundo libre, redobla el temor a un futuro expuesto a cualquier enemigo ante el que quedaremos sin apoyo como para no andar bastante cojos. Se verá en estos días si hay suerte para someter al jodido régimen iraní que permita hacerlo entrar en algo así como una democracia. Veremos.
Mientras tanto, hoy me han llegado dos entradas de cortesía para ir a Balaídos el viernes al partido del Celta contra Real Madrid, y yo que paso bastante de ir a los estadios de fútbol desde hace años, me ha reportado una buena alegría porque llevo conmigo a mi nieto Julio que es un madridista acérrimo y que podrá ver a sus ídolos en el campo. Juliño, algún día que ya no esté en el futuro, seguro que recordará esta jornada que vamos a pasar juntos y solos. Me hacía falta esta alegría ante tanta pena por la falta de mejora en nuestra especie que no para de pelear consigo misma.