Pasaba yo por ahí, cuando veo al caballo comer hierba tan plácidamente. La verdad es que placentero debe ser comer frente al mar y con el cielo azul de techo. Después de fotografiarlo lo saludé. Él rebuznó sociablemente, y me preguntó sobre estos seres vivos que se encuentran atrapados en cuerpos de humanos queriendo ser equinos: ¿Cuánto es verdad, cuánto mentira? Y le conté que atravesamos tiempos inciertos y plenos de dudas sobre nuestra identidad, que hasta ahora se había circunscrito a identidad de género, problemática trans, pero ahora sí, ahora había surgido la raza therian, humanos que más que animales racionales desean ser solo animales, puro animales, aunque también los hay más propensos a la botánica que quieren ser plantas, pero de estos no sé como se ha convenido en llamarlos. El caballo del prado, eso sí sujeto por una cuerda a la posesión de un amo, rebuznó sorprendido y esperanzado, me dijo, por ver si le traían yegua humana para su machista verga, ¡machista, que era un burro machista! ¡Joder, como anda el patio!, pensé, pues ya tienen locas ideas los therian como para parir la abuela y perder las riendas este caballo que comía hierba plácidamente hasta comunicarlos lo salido que andaba. Y ahí los dejamos a los dos equinos, o semi equinos, o equino y medio, o lo que la caldereta quiera, sin saber si los han presentado, se habrán gustado y nos podrán escribir su historia de amor.