Y el que no esté hasta los mismísimos huevos es que no tiene ni padece, tampoco ovarios ni la mínima decencia, porque asistir a esta procesión de detenciones por corrupción de gentes que están o rozan el poder es como para querer mear y no echar gota. La madre que los parió. Roban desde que pisan despacho, y lo hacen desde el mensaje por el que nos venden la conveniencia de votarlos, que son luchadores contra la corrupción y por la decencia. Dime de lo que presumes y te diré lo que eres, lo contrario. De momento el gran jefe se salva, y no solo eso sino que se levanta siempre que habla sobre un discurso que su más fiel militancia traga y traga. No importa que salpique desde mujer o hermano a sus manos derechas al volante de su campaña para hacerse con las riendas del poder en su partido, el socialista, que da vergüenza; como la dio en su día el partido de enfrente con el inoperante Rajoy que recomendaba ser fuerte al delincuente Bárcenas. Pero ahora toca sufrir a los izquierdistas baratos que se forran con el dinero público mientras no hay ningún compañero o compañera de cualquier reducto de la misma tierra que le diga: “ya está bien” y conmine a cerrar capítulo con la fuerza de su voto en el Congreso. Pero no, que va, en el Congreso están soldados a la orden política de que se trate que no se cuestionan otra cosa que seguir gozando la vida padre que ningún padre esperó para esta persona por su limitada cabeza. Precisamente la falta de buena cabeza es la que lleva hoy día a mucho limitado a la osadía de representarnos al resto. Cada día un detenido más y esto no parece que vaya a acabar sino todo lo contrario.