Lo de José Luis Gutiérrez y elcercano es una cosa que se sale de la relación habitual que podemos conseguir profesionalmente dos partes de un mismo interés musical. Por un lado el artista, por el otro un promotor para el concierto del artista en su local, y entre medias una amistad sembrada por los detalles humanos que quiebran cualquier principio comercial. Lo de Jose Luis es otra cosa, es el encuentro de personas que tienen talentos diferentes y no coincidentes pero que parecen sentir con un mismo ritmo y principios. Jose Luis vino a despedir elcercano de igual manera que lo hará en el Café Central de Madrid en fin de año, dos lugares tan distintos que para él son lo mismo, centros de actuación donde se encuentra como en su casa, donde el dinero habla al final del espectáculo, nunca antes, cosas que no me ocurrieron a mí como contratante de tantos en ningún caso más. Llegó, vio y venció. Pero quedaba una escena que él sabía que yo quería fijar en mi retina, porque se lo había contado alguna vez, que es verlo sobre la barra del café, donde apoyé tantas veces los brazos escuchando algún desahogo humano muy necesitado y que realmente es el mueble que más sentido da al quehacer de elcercano, tocando el saxo; es como sentir que la música esté pisando todas las penas vertidas sobre la barra, muchas y muy distintas. Me gustaba la idea y me encantó su realización, porque no la esperaba y porque es otra de las imágenes que guardaré en mi memoria de las sensaciones buenas en la vida.
