Hemos reeditado el primer libro de Santiago Lamas publicado en elcercano. Algunos recordaréis la presentación en aquel 2011 de este libro, con los primos Conde presentándolo, Alfredo y Mario. Pues bien de aquella a ahora, en que no haremos presentación alguna porque el autor es reacio a ellas, han pasado 14 años y no nos quedaban ejemplares. Por ello y porque a la colección Monte Lourido la completa mucho mejor, hemos reeditado el libro que estará a la venta en todas las librerías del mundo, aunque, tal vez, solo lo adquieran en una. Porque este es el sino de los buenos libros, pero no importa el éxito o no de ventas, lo que importa es que si alguien lo quiere lo puede adquirir también en elcercano, su casa, la casa de todos. Sobre el libro nada que decir después de haber recibido escrito del máquina Pepe al respecto, por eso mejor los dejo con él:
FÍOS E LECTURAS
Por José Rivela, el cronista apartado
Hay libros que no se escriben: se destejen. Como una bufanda vieja heredada de la abuela, de la que tiramos de un hilo que parecía suelto y, sin querer, deshacemos el invierno entero. Fíos e lecturas, de Santiago Lamas, es uno de esos libros tejidos con paciencia de artesano y mala idea de escéptico. No pretende convencer, ni adoctrinar: simplemente abre un cajón lleno de papeles, recuerdos, autores, y nos dice—con la sobriedad de un médico rural y la ironía de un tabernero culto—: “miren, aquí están mis hilos… si los tiran, es cosa suya”.
Santiago Lamas, psiquiatra de profesión y gallego por vocación (que no es lo mismo, porque lo segundo es incurable), se dedica en estas páginas a recorrer sus lecturas como quien revisa las cartas de un amor antiguo: con ternura, lucidez y un poco de sorna. Pasa de Cunqueiro a Conrad, de Otero Pedrayo a Antón Tovar, lo mismo que uno pasa de la taza de café al vaso de orujo cuando empieza a llover en la ventana. Y lo hace en gallego, porque hay ideas que, como las vacas, no cruzan bien la frontera del idioma sin perder cuernos o dignidad.
El libro no es un tratado –Dios nos libre–, sino una colección de observaciones sueltas, pensamientos de sobremesa, filigranas intelectuales bordadas sobre la tela humilde de la vida cotidiana. Es, en definitiva, lo contrario de nuestros debates parlamentarios: breve, educado, y escrito con alguien más que uno mismo en mente.
Lamas reflexiona sobre la soledad, la muerte, la violencia, la lengua, la cultura gallega, pero lo hace sin levantar la voz ni golpear el atril. Habla de nosotros sin nombrarnos y de Galicia sin declararla patria. Su estilo es el de quien sabe que pensar es un acto privado… como rezar, o pagar impuestos. Cada ensayo es un hilo discreto, y todos juntos forman un tapiz ligeramente inclinado, como las casas viejas de Santiago después de la lluvia.
A veces, entre citas y recuerdos, aparece una ironía suave, casi inglesa, que uno sospecha aprendida en salas de espera del hospital. Por ejemplo: cuando habla de la violencia, no propone soluciones; cuando menciona la muerte, no promete consuelos; y si se refiere al futuro de la lengua gallega, lo hace como quien comenta el tiempo: “lloverá, pero aún no”.
Lo hermoso del libro es que nada está cerrado, ni siquiera el punto final. Lamas escribe para que el lector continúe el pensamiento, no para enterrarlo. Sus páginas no disciplinan: invitan. Todo lo contrario de la burocracia y sus formularios en triplicado.
Hoy que vivimos en la era de los discursos inflamados y los tuits incandescentes, este libro propone algo tan extravagante como pensar despacio. No sé si tendrá muchos lectores, pero es seguro que tendrá buenos. Porque entre tanto ruido, este pequeño volumen habla bajito, como se habla en las iglesias de piedra y en los cafés donde aún hay periódicos de papel.
Al cerrar Fíos e lecturas, uno no se siente mejor ciudadano, ni más patriota, ni siquiera más sabio. Pero sí un poco más acompañado. Que, a estas alturas, ya es bastante.