Ante toda inmundicia actual, local, nacional y global, que nos enfurece cada día, la vida nos ofrece otras fórmulas positivas que compensan la negatividad de ese detritus social. La buena música, la lectura y el arte, son mecanismos apropiados para combatir tanta estulticia, egoísmo y abuso que se da en el día a día y que vemos sin levantarnos del sofá a través de esa pantalla maligna en la que convierten la televisión ciertos intereses espurios y políticos. De pronto, desde Hilario Camacho hasta Pink Floyd pasando por Mozart, escuchamos otra música alternativa a la del ruido que nos debilita la moral y subimos de nivel; así pasa también con la lectura de un buen libro que nos pone tierra por medio con la charlatanería y el discurso hipócrita y vomitivo; y claro, al tenerlo tan cerca, nos levanta la vista y con ella la moral una obra artística como esta última que ha hecho Mon Devane, aquí cerca de Ourense, en el concello de Pereiro de Aguiar. Una fachada plana dándole la cara al paisaje, pasa de ser gris a contar una historia a través de los botes grafiteros de Mon, que, por supuesto, nos reconforta. Tanto feísmo tiene un enemigo, los colores y el arte de este artista, y ojalá siga haciendo muchos más.