Pues si que hacía tiempo que no me quedaba en la cama por la mañana después de desayunar. Casi siempre, si es día laborable porque sales a buscarte la vida fuera de casa, como es menester en una generación donde el teletrabajo ni existía ni se le esperaba. Y si es domingo o fiesta de guardar, lo que me viene en gana tras el desayuno es calzarme las zapatillas y con Carlos o David, mejor con ambos, salir a caminar por las orillas del río para ventilar el pensamiento y este cuerpo que cada día va perdiendo condición física. Es la vida. Pero hoy es distinto. Hoy me da por estar en la cama viendo tras la ventana un cielo azul que se junta con el mar calmo que parece estar llamándonos a verlo pronto desde la playa. Aún es temprano y el frío no me anima, pero en un par de horas allí estaremos. Hoy, además, estoy leyendo a Trapiello y su Próspero Viento con el que lo estoy pasando muy bien, porque, claro, por lo menos en sus 134 primeras páginas que llevo leído desde ayer una España que viví yo también en la misma época. Con diferencias en la universidad, me conozco eso de las trencas, pelos largos y correr delante de los grises sin saber muy bien por qué, los estudios y conflictos con la familia por querer ser distintos cuando lo mejor sería ser igual, pero las diferencias propias de la edad nos confunden hasta eso, sentirnos más puros de lo que eran los padres de un bando vencedor, cuando el tiempo nos demostró estar a distancia de ellos pero indiscutiblemente en un punto inferior. Pero bueno, visto desde hoy tampoco nada que haya sido verdadero drama. Jamás llegó la sangre al río ni el cuerpo detenido en una cárcel franquista por habernos manifestado en Periodismo. Si lo importante de la época, de esa y todas, cuando tienes veinte años es la chica que te gusta o el sexo que practicas, eso es lo que verdaderamente movía mi mundo. Lo demás, después. Y sí, hoy contravengo mi costumbre de estar caminando a primera hora es porque en la cama, de vez en cuando, se está de maravilla, sobre todo hoy viendo toda la luz del día que hace, día luminoso y sin una legaña que lo tape, esperando que me canse de escribir para, después sí, tocar la arena y el mar, y seguir leyendo a Trapiello, comprobando que siguen parecidos fantasmas de luchadores por la libertad que verdaderamente la única que pretenden es la suya, y a los demás agua, a base de puestos privilegiados en la política, periodismo vendido hasta el tuétano, corrupción y demagogia hasta no decir basta. Pues basta. Me voy, porque pensar en nuestros políticos y gentes paralelas de ONGs sinverguenzas, flotillas de tragaperras, asociaciones de individuos huecos, etc… me pone de mala leche y oscurece este día divino para soñar con luz en lugar de tinieblas.