Pues nos fuimos a Santiago sin peregrinación sino convocados por el presidente del Parlamento para asistir a la presentación de la nueva edición del libro que publican sobre las obras artísticas que allí, en ese magno edificio que fue cuartel y ahora es sede política, están expuestas. La verdad es que el libro es un mamotreto de tres pares de narices, a la altura de aquellos que recordamos financiados por Caixa Ourense de otra época, pero bueno, se justifica porque el arte es el arte. Convocados una pila de artistas vivos y también, por mera coincidencia con el cabo de año de la muerte de Alexandro, podemos decir por lo muertos. La colección crece y crece, como el libro, que por su peso además de tamaño necesita de una bolsa de tela para llevárselo puesto, como hicimos. No están todos ni mucho menos pero van llenando huecos poco a poco, con la Academia Galega de Belas Artes que a través de una comisión de tres miembros de la mismas hacen la labor de asesores de adquisiciones y demás historias.