Más rápido imposible. El primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu, presentó su dimisión al presidente unas horas después de dar a conocer su gabinete. Macron aceptó su renuncia, como es lógico, a pesar del escaso mes transcurrido desde que había sido nombrado. En Francia la cosa está que arde, no hay más que ver sus calles con continuas manifestaciones que acaban casi siempre violentamente. Por dónde tirará Macron aún es incierto, pero la cosa no pinta nada bien. La moción de censura de cualquier candidato a primer ministro sobrevuela antes de gobernar siquiera. Pero Europa no le va a la zaga con sus graves problemas que una buena parte de la sociedad no ve porque está ciega de un bienestar heredad0 sin mayor esfuerzo y de un buenismo tonto y torticero que deposita en el Estado cualquier resolución polémica, Estado al mismo tiempo con una maquinaria pesada que ya no hay dios que la mueva. Europa debe repensar hacia donde conduce su cultura occidental y valores tradicionales, pues la desaparición final o la lucha por mantener firmemente su identidad y sociedades democráticas está en juego. Me pica la curiosidad el saber como se arregla este pensamiento actual que prevalece en nuestras cabezas, de tener sólo derechos y ninguna obligación, como si un nuevo maná viniera de los despachos de Bruselas, sin más ni menos. Oh là là, la France, quien te ha visto y quien te verá…