Un día de los pasados veía los carteles rotos en El Paseo y me repugnó la visión, porque no sé que ganan los imbéciles que la emprenden con lo que es de todos y sin ninguna razón; imbéciles, o enfermos de alma más que de cuerpo, porque si destruyen lo que es de todos algo suyo también destruyen. Pero, bueno, esto no es nada si lo comparamos con los disturbios que por cualquier causa echan a la calle a gentuza que les da por sacar el odio que llevan dentro y machacar bienes públicos y privados, escaparates y contenedores, o lo que tengan por delante, cual lobos hambrientos de explicación por lo que pintan socialmente, que a este paso nunca será nada, o tal vez sí, pues ya vemos cuánto irresponsable político llama a la protesta nada cívica porque entiende su resultado como rentable para su popularidad. Vemos incidentes graves en todas las ciudades importantes de Europa, enfrentándose a la policía que esta en muchos casos acartonada por órdenes que le impiden hacer su trabajo, no vaya a ser que le den con la porra en el culo a una influencer tonta y la hemos liado en todas las televisiones del país, que esa es otra, claro. En las revueltas a favor de la flotilla más hipócrita que jamás pudo uno haber visto, por la paz en Gaza hacen la violencia en casa, como si esto fuera a dar más confianza a una solución final. Anda, que os den, a los violentos, porque es el lenguaje que entienden, y dejemos que los demócratas que se quieran expresar, en uno u otro bando, lo hagan como debe ser en una democracia auténtica y real, pacíficamente.