Hay que joderse, lo que se reclamaba hace medio siglo con ahínco, es decir en la calle, con pancartas y todo el lío que requería ganar este derecho de la libertad de expresión, hoy están tratando de cargárselo los sucedáneos de aquellos manifestantes. Curiosa y precisamente los que abanderan esta mierda de prohibir la libertad de expresión a cierta prensa son los partidos de izquierda, enemigos actuales del sistema de libertades necesarios para que una democracia sea eso, que aunque esté fatigada hasta los tuétanos aún huele a gobierno del pueblo. Dicen los censores políticos que es necesario prohibir a ciertos periodistas de la ultraderecha que se pasan tres pueblos incomodando a los representantes políticos cuando los abordan en pasillos o sala de prensa del Congreso. Uf, qué miedo. Aunque fuera así, ¿quienes se creen estos adalides de la pureza periodística a su manera, para amordazar a determinada prensa? Tienen el cuajo de comprar a medios con dineros del estado para que hablen bien de ellos, cuando no es la propia televisión española plagada de sectarios periodistas que son muy malos profesionales, sobre todo porque por encima de la preparación hacen lo último que se estudia en periodismo, pasarse por el arco del triunfo la independencia que se exige para informar, y no soportan que les pregunten cuestiones que se salgan del guión de otros periodistas vendidos; sueldos hinchados de desvergüenza a la orden de los que pagan, eso sí, con el dinero de todos. Recuerdo perfectamente aquellos reporteros de Caiga quien Caiga, metiéndose con otros políticos a los que al mismo tiempo trataban siempre de ridiculizar con su ingenio y risas cuando les preguntaban cualquier gilipollez; ¡qué gracia nos hacían! ¿verdad?, y, sin embargo, ahora ¡ay, qué malos son estos chicos de los digitales peores! Dignidad de acojonados, creo yo, es lo que pasa. Viva la libertad de expresión.
Del banco del parque San Lázaro hablaremos en otro momento, porque hoy se suscitó una conversación interesante en elcercano, donde alguno sugirió pedir al Ayuntamiento ourensano que el día del Pilar, pinten de amarillo y rojo otro banco más, así poco a poco tendremos florido de causas modernas un parque antes con la única identidad de no identificarse con ideologías puntuales.