Ando a vueltas con el enigma de Dios que nos escribe Pedro García Cuartango en su último libro, que recomiendo encarecidamente aunque reconozco que exige atención plena, no una coña o una fiesta sino voluntad de repasar o reconocer las constantes dudas e incertidumbres que a lo largo de la vida humana se han pegado a la piel cual tatuajes modernos. El agnóstico confeso da un repaso a la historia de la filosofía, la pintura que le inspira, el cine y la literatura que no está para la simple distracción sino para provocar el pensar, sin embargo, asoma una pata nostálgica del mirandés que fue primero monaguillo y después antagónico de verdadero fraile. El libro se consume como una delicatesen, bocadito a bocadito, degustando el producto elaborado de un gran erudito. Claro es, se habla del big bang, o gran explosión, que cuando acaba de tirar el bombazo Estados Unidos sobre algunas centrales nucleares de Irán, al mismo tiempo que los misiles de los dos países contendientes en la refriega actual, la explosión puede ser un volver a empezar o acaso no y todo quede en que se pacte dejar fuera de nuestras vidas la permanente amenaza de una capacidad nuclear en manos de una mentalidad dispuesta a acabar por todos los medios con su ancestral enemigo. El mundo está loco pero nosotros estamos de permanente fiesta, como toda la vida sin guerra que yo conozco y que llegado el verano podías pasar todos los días de fiesta en fiesta bailando la felicidad total. Ahora, algo distinto, la fiesta está más orientada por el poder político, que se afana desde la Xunta hasta el último reducto municipal, en festivales de música, cuánto mayores mejor, para que la peña salte y salte sin mirar delante y atrás, o al lado, el caso es bailar y bailar, y que nos quiten lo bailado. Boom