Ya lo creo que no lo creo, la plaza a la vista sin otra vista que la propia suya, tal como es. O sea, la plaza de la Magdalena, de Ourense, uno de los rincones más bonitos de siempre y ahora, estaba limpia de elementos de hostelería que la suelen tapar en estos tiempos de economía de terrazas como si desnuda fuera impúdica. Si viviera D. Vicente Risco, al verla como estaba hoy volvería a piropearla como hizo en el Ourense Perdurable que dibujó Pepe Conde Corbal; no, por el contrario, como la escoñan viva cuando levantan muros de plásticos, techos de tela y colocan estufas modernas que son como las peores esculturas que ningún esteta compraría para su jardín particular. Hoy merecía la foto este rincón, y de paso, una vez más, la reivindicación de una regulación de los veladores que no velan por el buen gusto.