La guerra interna con epicentro en Madrid entre los peones de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón ha escalado a la cúpula del partido. El líder de la formación ha decidido cortar de raíz la rebelión iniciada por los ‘errejonistas’ hace una semana, destituyendo a su máximo exponente, el secretario de Organización y hasta ahora número tres del partido, Sergio Pascual. En un duro comunicado remitido cerca de la medianoche de este martes, la formación informa del cese argumentando la “gestión deficiente” llevada a cabo por Pascual, cuyas “consecuencias han dañado gravemente al partido” al coincidir en plenas negociaciones para formar un nuevo Gobierno.
El cese de Pascual se produce solo unas horas después de que Pablo Iglesias reprochase las dimisiones en Madrid orquestadas por los miembros afines a Errejón y adelantase que estos deberían asumir responsabilidades. En una misiva dirigida a la militancia, Iglesias indicaba que las renuncias “se produjeron en el peor momento posible y han puesto en bandeja el relato que interesa a los defensores del ‘statu quo”. Iglesias también censura en la carta la existencia de corrientes o facciones “que compitan por el control de los aparatos y los recursos; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más”.
Los afines al secretario general señalaron al número tres del partido como uno de los autores intelectuales del órdago lanzado por los ‘errejonistas’ en Madrid
En los últimos días, Podemos afronta una fuerte crisis interna que amenaza con fracturar el partido en la capital. Por un lado, se encuentra la corriente Anticapitalistas, que aboga por romper las conversaciones con Pedro Sánchez y preparar el terreno para nuevas elecciones. Se trata del sector que encabezan dirigentes como el europarlamentario Miguel Urbán o las secretarias generales de Andalucía y Navarra, Teresa Rodríguez y Laura Pérez, respectivamente. En el lado opuesto se encuentra el sector ‘errejonista’, quien advierte de que unas nuevas elecciones podrían dañar al partido debido a las tensiones orgánicas y la división del sector oficial, por lo que ha intentado abonar el terreno para la abstención.
En el trasfondo de la disputa interna se encuentra el afán por el control del partido en un contexto poselectoral de reorganización de la hoja de ruta a seguir. Las tesis en liza son las rupturistas, con un programa de máximos, frente al posibilismo, rebajando las exigencias con un mayor pragmatismo. El rupturismo de Iglesias y el posibilismo de Errejón se dieron la mano en el congreso fundacional de Vistalegre, si bien fue el segundo quien logró imponer su hoja de ruta ideológica, estratégica y discursiva con la excusa del contexto marcado por el ciclo electoral de 2015.
Iglesias ha cortado la mecha prendida por una corriente que controla varios de los aparatos autonómicos del partido
Entonces, la guerra soterrada se centraba entre los que apostaban por girar hacia la moderación, convirtiendo a la organización en una maquinaria de guerra electoral, vertical y orientada a la ventana de oportunidad, y aquellos que, con Monedero a la cabeza, y el respaldo ambiguo de Iglesias, defendían recuperar la esencia fundacional del proyecto y el papel protagonista de los círculos. Los ‘errejonistas’ se impusieron finalmente, no sin que Iglesias mostrase públicamente sus reticencias, y ahora vuelven a relucir las diferencias.

El discurso de Pablo Iglesias en la sesión de investidura se leyó internamente en clave de refundación, un gesto de imposición sobre el ‘errejonismo’ y que aplaudieron desde las filas de Anticapitalistas, la tercera corriente en liza enfrentada a las tesis de Errejón. Poco después se produciría el órdago de los afines a Errejón, que dimitieron en bloque del consejo autonómico de Madrid para forzar la creación de una gestora que sacase de su silla al máximo exponente de los ‘pablistas’, el secretario general autonómico, Luis Alegre. Este último ha descartado dar un paso a un lado y la consigna acordada con Anticapitalistas es resistir el envite.
El primer golpe de los ‘errejonistas’ no consiguió sus objetivos, pero no había cesado en su empeño. La rebelión interna con epicentro en Madrid se mantenía latente, previéndose golpes de efecto para los próximos días, mientras los propios errejonistas exigían que se tratase el conflicto en los órganos estatales. La respuesta de Iglesias, tras su alianza táctica con el sector Anticapitalistas, ha sido contundente, saltándose toda la correa de trasmisión hasta provocar la caída del máximo dirigente del ‘errejonismo’ y el hombre que hasta ahora había ejercido su control en los distintos territorios. De esta manera, Iglesias ha cortado la mecha prendida por una corriente que mantiene un peso mayoritario en diferentes consejos autonómicos, como el recién elegido en Euskadi.