Hace un tiempo escribía para el periódico La REgión de Ourense unas ‘Percepciones’ donde las negritas eran necesarias para captar la atención del máximo número de lectores. Al cabo de cinco años y 50o percepciones lo dejé por agotamiento y alguna pelea que otra. No me gusta pelear pero me resulta inevitable al tratar de defender mis principios, y en Ourense hay demasiados intereses como para que un mindunguis como el menda toque las pelotas de algún poderoso. Cansado pero no muerto. Ahora que he dejado de escribir en este periódico local totalmente, pues es verdad que durante varios años más publicaba mi artículo semanal, ando un poco desentrenado, amén de que otras ocupaciones me llevan el tiempo que no tengo para la escritura. No obstante y con motivo de la visita a la Cidade da Cultura para un acto, hoy vuelvo a mis percepciones y sin que nadie me corte un pelo que yo no quiera.
En A Cidade da Cultura
Se inauguraba la exposición sobre Historia del textil y moda gallega en la Cidade da Cultura. Hasta allí nos fuimos el amigo Willy y yo. Faltó el fotógrafo Mani Moretón con quien habíamos decidido acudir a esta inauguración hace un par de semanas cuando nos comentó de ella. Iba por pura curiosidad, porque me habían pedido fotos hechas por Eloy Lozano de moda y para la ocasión pues nadie tenía ninguna. Yo conservaba las que un buen día me dio el amigo Eloy, un paquete de ellas reveladas con contrastes variados buscando la mejor para publicitar. En papel de foto le di varias a Mani para que se las hiciera llegar a la secretaria del comisario de la muestra. El caso es que llegamos el viernes al Gaiás espectacular, con la boca abierta de primera vez de Willy, pues el espectáculo es de ‘mírame que desproporción de actuación pública’. Lo primero que vimos fue a Enrique Tenreiro, el escultor performance que intervino en elcercano con María Piensos en la escena de cama, con la propia María y otra interviniente; una gran cruz roja a la espalda para escalar una de las fachadas del edificio del museo y con la policía en los talones queriéndoselo impedir. Abrazos y foto. Nos vemos en elcercano próximamente para montar un ‘algo’. Después entramos y nos encontramos con Ramón Conde, quien llama a Willy ‘mi capitán’ porque hizo la mili en guerrilleros a la orden del entonces capitán que hoy es coronel en la reserva. Bajamos al gran espacio vacío que tenía tarima alta para ser bien visto el orden político que invitaba. Después de intercambiar saludo con César Taboada (enseguida dejó con la palabra en la boca a mi compañero para presentar a Ramón a alguien, en la línea de al César lo que es del César y a los demás hasta otra) llegamos a una esquina donde estaban unos buenos amigos y grandes profesionales de esto de la costura con hilos y demás, Geli Torres y Sandro, junto con su hijo Pablo, creadores de OKY-COKY. Con ellos escuchamos después de media hora de espera al conselleiro de Cultura, al comisario de la muestra y al presidente de Galicia. Seguidamente y tras un pequeño pase de modelos que no se pone ni la madre o padre que los creó, subimos todos por unas escaleras detrás de las autoridades que iban abriendo la exposición a medida que iban andando la salida hasta la meta. Ahí me cogieron por banda unas personas de la organización que primero se cercioraron preguntándome el nombre si yo era quien creían que era, Moncho o el modelo de la arruga es bella. Así caso como en volandas, inesperadamente, en compañía de Willy me llevaron hasta un punto concreto del espacio donde comenzaba el pasillo que contaba la moda gallega. En ese punto mire hacia un lado y me acojoné un poco, pero no de miedo ni leches mayores sino porque un tabique de foto de ‘la arruga es bella’ me hacía crecer de tamaño extraordinariamente, contrariamente a lo que quizás me haya empezado a pasar físicamente, que cada día me voy arrugando y también de estatura. En fin, Adolfo Dominguez y su frase habían pasado a la historia como precursores de la moda gallega que hoy por la incursión del señor Ortega ha disparado el sector en esta tierra; pero con el modisto y la frasecita de marras que había hecho triunfar Paco Umbral en El País, estaba mi imagen, la de un joven estudiante que se había encontrado haciendo estas fotos sin pensar para nada en su trascendencia. La vida es así, seguro que muchos profesionales del posado habrían dado algo por protagonizar esa foto que me había tocado a mi la casualidad. Llegó un rato después Alberto Núñez hasta este punto con la prensa y demás comitiva detrás y en cuánto me vio, con cortesía me saludó con un apretónde mano y un ¿que tal Moncho?; alguien le apuntó enseguida que mirase hacia el otro lado donde estaba tamaña fotografía y entonces la reacción fue de darme abrazo con simpatía, porque de pronto parecía que MOncho era un artista. Posado con el presidente y dale que te pego fotos con el modelo ¡manda carallo la fama!. Despedida y fotos con las de Filmax y otras mujeres que simplemente por verme allí con aquel modelo que había sido querían fotografía con el sesentón que soy hoy. Entrevistas de La Voz de Galicia y Radio Nacional, al igual que la foto que al final hicieron conmigo y el presidente varias mujeres de la organización me hicieron sentir protagonista de una película que nunca había rodado. Hasta me pudo salir trabajo con una agencia de dos chicas muy simpática y más bellas todavía que con agencia en A Coruña quisieron animarme a contactar profesionalmente con ellas. Y por si no era suficiente todo la coincidencia, juro que no iba preparado ni vestido para esa película, llevaba conmigo al gran Willy que casi iba anunciando después el modelo que había sido. En fin, toda una experiencia. Lo mejor es que pude decirle a Nuñez Feijóo como me había decepcionado anteriormente por una cosa que nos traíamos entre manos con elcercano y tal vez hayamos podido subsanarla, si es que no me decepciona doblemente; pero ahora tengo un gran testigo como altavoz.