‘Soy siempre correcto, atento, amable, educado y servicial. No es que sea así en absoluto, es que no me atrevo a ser de otro modo. Casi nunca digo lo que pienso’. Pues bien, estas palabras que podían ser mías y de usted, y del otro y otro que vive pendiente de la migaja que el poderoso va dejando por ahí para sobrevivir, no lo son, ciertamente. Son del diario de Hendrikus que pinta como una conjura de los necios. La verdad es que en los libros uno encuentra a veces lo que echa en falta en la realidad más próxima, y últimamente, no sé por qué razón, encuentro autobiografías de vidas atormentadas como la de James Rhodes o Tracy Emin, ambos británicos que fueron violados de niños y a partir de ahí soportan lo que no estaba escrito hasta que se deciden ellos a escribirlo. Por cierto, mientras la de Rhodes me atrapó, la de Tracy la acabé por eso de darle oportunidad a engancharme en la última hoja, pero no. Ser correcto, atento, amable, etc… que diría Hendrikus es una cuestión social, de educación, pero que acaba volviéndose contra nosotros cuando tanta buenas formas escondes los peores fondos, hayan sido o no violados o queridos.
Y dos cosas más hoy antes de ponerme a fregar el lavavasos del café. Por un lado, otra vez el Ateneo con su derecho de pernada que protegen los politicastros gallegos. Argumentos falaces, repetidos demagógicamente sobre el valor de la tradición y cultura, patatín y patatón, hacen que la pasta de todos vaya a una entidad donde no son capaces ni por activa ni pasiva, ni por diecitantos euros al mes de sumar socios; me gustaría saber si estos que defienden el papel del Ateneo y su importancia para que nos cueste a todos la pasta son socios, porque me pega que ni siquiera. Es la clase política cínica y corrupta que percibimos los ciudadanos en las encuestas del CIS. Y después quieren que los protejamos. A ellos los ponía yo a lavar el lavavajillas y a currar todo el día para pagar todos los gastos que tenemos los autónomos con chiringuitos a los que estos ateneos hacen desleal competencia. Lo que sí no pueden es quitarnos la libertad de decir lo que nos pete, y que pete este baboseo, coño.
El otro tema, y ya no sé si será demasiado texto para leer en estos tiempos de imagen y twiter, es el tema de las multas a los peatones para acabar con los atropellos. O sea, además de atropellado, vapuleado por la multa del concello. Pero si bien los hábitos de un montón de años no se pueden sacar de la noche a la mañana, y que tampoco son capaces de arbitrar otra reformulación circulatoria donde prevalezca el derecho peatonal por el del coche, al menos no arruinen al mayor que tenga una pensión de 700 euros al mes, o al padre humilde del niño que cruza fuera del paso de peatones aunque no atisbe un coche a cien metros. Multas sí, si es que no discurren nada mejor, pero al menos que sean disuasorias pero compatibles con la remuneración media en nuestra población, porque querido alcalde Jesús Vázquez, no todos sus convecinos cobran lo que usted, ni la mitad de la mitad de la otra mitad, y el dolor pues no es lo equitativo. Con diez euros bastaría, ¿o alguien piensa que no le dolerían suficientemente por cruzar donde lleva cruzando toda su vida sin mayor problema?
Cuando estamos leyendo el informe de la Universidad de Nottingham, que salta hoy, sobre la relación entre la corrupción institucional y la honestidad individual, resulta que la mayoría de los españoles no dicen la verdad en una situación en que decirla no les beneficiaría. O sea que se miente mucho, o sea que hay mucha corrupción. Y va y salta la noticia de Pepe Araujo con el sobrino de su marido que al parecer entra a trabajar en la empresa subcontratada por el Concello de Ourense en el Área que el vigila como concejal de limpieza. Pero ya se han olvidado de la vieja máxima, más sabia por vieja que por máxima, de que la mujer del Cesar además de ser honesta debe aparentarlo. Ojalá sea un error porque necesitamos menos corrupción institucional para ser más honestos, de lo contrario, tarde o temprano, nos iremos a tomar por … culo, sí, culo. Se nos aclare, por favor.