
Hoy he vuelto a correr ¡mi má!
Bajé a la playa como de costumbre. Con la intención de caminar. Dejé mi silla, la toalla y utensilios varios, la crema para el sol, libro -que nunca falte- y me llevé el cuerpo de andaina por la arena. De repente, sin premeditación, ni alevosía habida cuenta del cuasi delito que es no levantar un palmo de narices a cada salto, me puse a correr. Muy despacito, claro. Pero tan sorpresivamente como Forrest Gump, aunque