Darse una vuelta por la city madrileña es imbuirse de la libertad que aún queda de una etapa juvenil, que, para mas inri, esta de celebraciones por aniversario del nacimiento de la movida madrileña. Pues, como un hijo de aquella movida que vuelve a su madre en su cumpleaños, coincidimos por el Dos de Mayo, y con tipos que ya andaban por allí, como el amigo Manolo Calderón (con sombrero de vuelta). Por el Camacho, de cañas y boquerones en vinagre, en el mercado de Fuencarral, con uno de Pereza al lado nuestro en la terraza -que no había nacido cuando los porros de la rebeldía tomaban nuestros pulmones-, retrocedimos en el tiempo de aquel momento que jamás volverá. Se han muerto aquellos jóvenes ilusos de que todo lo bueno dudaría siempre y han dejado paso a estos hombres y mujeres ya maduros que andan con sus revisiones prostáticas envueltos en el sueño de una prejubilación conque descansar al sol a la espera de un último viaje. Madrid es mucho Madrid, a tope de viajeros de la noche que buscan un enganche mejor que no existe, pero que lo engaña o traduce esta capital alegre y cosmopolita. Madrid es mucho Madrid.